Al loco y al fraile, aire.
De fuera vendrá quien de casa me echará.
Amigo de mesa y mantel, no fíes de él.
El que está en el lodo querría meter a otro.
Los hijos de Mari-Rabadilla, Cada cual con su escudilla.
Por la Virgen de Lorena, verano fuera.
La elocuencia vacía es como el ciprés; que es grande y alto pero no produce frutos.
El trato engendra el cariño.
Como la recién casada: con ganas de todo y ganas de nada.
No es virtuoso quien no se alegra con la virtud.
Apostar por necesidad, perder por obligación.
Pan tierno, casa con empeño.
Ni reír donde lloran, ni llorar donde ríen.
A la que uno no contenta, no bastan dos ni cincuenta.
Donde hay carne, hay hermosura.
Bien convida, quien prestó bebe.
Entre el silencio del velorio mudo, se le zafa a cualquiera un estornudo.
La ignorancia es la medicina, el conocimiento enfermedad.
El que paga mal, paga dos veces.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
Escatimar y dar a putas.
Casa sin moradores, nido de ratones.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
El que paga y goza, empata y hasta gana.
Más vale ser pobre que estar enterrado.
Entre más viejo más pendejo.
Quien al cielo tira flechas, vuélvensele a la cabeza.
El rostro es el espejo del alma.
Abogacía, que una boga y otra cía.
Junto el dinero bueno con lo malo, todo ello se lo lleva el diablo.
No vence, quien es valiente, si peca por imprudente.
La mujer mala es como la falsa moneda que de mano en mano va y ninguno se la queda.
Más linda que una azucena, más limpia que una patena.
Lo malo nunca es bueno hasta que sucede algo peor.
Virgo viejo, puta segura.
Los objetos externos son incapaces de dar plena felicidad al corazón del hombre.
De pregonero a verdugo, mirad como subo.
Al demonio y a la mujer nunca les falta quehacer.
No hay mayor tontería que reñir.
Quien se viste de mal paño, dos veces se viste al año.
Si quieres tener la tusa, persigue bien la merusa.
Acude a tu oficio, que todo lo demás es vicio.
Manden unos, manden otros, los tontos siempre nosotros.
Amor, pocas veces da placer, y muchísimas dolor.
A la mujer, ni todo el amor, ni todo el dinero.
Levantar la liebre para que otro la mate es disparate.
La mano que da está por encima de la mano que recibe
Cuando el español canta, o está enfadado o poco le falta.
La astucia del que no tiene astucia es la paciencia.
Quien se ausenta, es un muerto en exequias.