Bebo poco, más quierolo bueno.
Lo más nuevo y más completo, pronto se torna obsoleto.
Manda, manda, Pedro y anda.
Bueno es el rigor; pero la misericordia es mejor.
Saber mucho y decir tonterías, lo vemos todos los días.
Jugarse hasta la camisa.
Todo salto tiene riesgo.
Que se calle Doña Chepa, y mejor que hable quien lo sepa.
Las flores bonitas no dan buenos frutos.
El vino en jarro cura el catarro.
Quien solo vive, solo muere.
Un dedo no hace mano, pero sí con sus hermanos.
A carnero castrado no le tientes el rabo.
Abril sin granizo, Dios no lo hizo.
A una cebolla ni siquiera el perro la huele.
De comerciar a robar, poco va.
Coge una abeja amablemente y aprenderás las limitaciones de la amabilidad.
A flores nuevas, afeite perdido.
Unos mueren para que otros hereden.
Caballo que tiene que ir a la guerra, no muere en el vientre de la yegua.
Loca está la oveja que se confiesa con el lobo
Barbas mayores quitan menores.
Más vale caer en gracia que ser gracioso.
Vecinas porque les digo las mentiras.
Casa hecha, bolsa deshecha.
Las palabras amables enfrían mejor que el agua.
Nadie diga: de esta agua no beberé, por turbia que esté.
No da, ni dice donde hay.
Agua que no has de beber, déjala correr.
El dinero y los pendejos, siempre acaban separados.
Las desgracias vienen juntas, y las gracias muy espaciadas.
El que no tiene vergüenza, toda la calle es suya.
Insinuación de rey, como si fuera ley.
Burlas de manos, burlas de villanos.
El dueño de la casa sabe donde gotea su tejado.
El que llama a un abogado es que ha matado o mucho ha robado.
El que come y no da, atragantado morirá.
si bebes el agua, sigue la costumbre.
El año que viene de suerte, la mujer pare los hijos de otro.
Los hombres dan a los amigos la alegría, y a sus mujeres, la murria
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Nada hay nuevo bajo el sol.
Más vale estar solo que mal acompañado.
Atáscate, que hay lodo.
Todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
Los refranes y los dichos viejos son solo para pendejos.
Galope que mi caballo no lleva, en el cuerpo le queda.
Nota: (Proviene de Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes el Cínico)
Obrar mucho, y hablar poco; que lo demás es de loco.
Más vale sudar que estornudar.