El injustamente alabado, entienda que es engañado.
El que da pan a perro ajeno, pierde el pan, pierde el perro.
Fiar de Dios el alma, más no la capa.
El que demonios da, diablos recibe.
En lo ajeno, reina la desgracia.
Al vino y al niño hay que criarlos con cariño.
El cangrejo de río está del lado del cangrejo de mar.
Jugando, jugando, se dicen agrias verdades de cuando en cuando.
Vendrán por lana y saldrán trasquilados.
El vino comerlo, y no beberlo.
Codicia mala a Dios no engaña.
Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
Haceos miel y comeos han las moscas.
Cada gallo canta en su gallinero, y el que es bueno, en el suyo y en el ajeno.
El que de la ira se deja vencer, se expone a perder.
Obras buenas, hazlas a manos llenas; malas, ni una hagas.
Aprovéchate gaviota que no te verás en otra.
Aprende, aunque sea a coces y bofetones.
No es lo mismo atrás que en ancas.
Échale guindas a la tarasca y verás como las masca.
Ojo que no ve, hombre que no cree.
A puerta cerrada el diablo se vuelve.
No te alabes antes de que acabes.
Traducción: En el mes de los muertos -noviembre-, mata tus cerdos.
Dar gusto da gusto.
Saber refranes, poco cuesta y mucho vale.
Lisonja hostiga, nobleza obliga.
El que a burros favorece, coces merece.
Unos nacen con estrellas y otros estrellados.
Hay que empujar, porque vienen empujando.
Al que bebe buen vino en jarro, quiébrale el cacharro.
Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Azote y mordedura, mientras duele dura.
Árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
Más fácil entra un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos.
Acertar a la primera no se ve todos los días.
El que hace trampas jugando, al infierno se va caminando.
Ignora al ignorante.
Real ahorrado, real ganado.
Palabra de cortesano, humo vano.
Pelillos a la mar y lo pasado olvidar.
Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
A nave rota, todo tiempo es contrario.
El amor enseña a los asnos a bailar
Ir en el coche de San Fernando: unos raticos a pie y otros andando.
Una belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo
Pajarico que escucha el reclamo, escucha su daño.
Más se junta pidiendo que dando.
A la hija, tápala la rendija.