Refran viejo, nunca miente.
Putas y frailes andan a pares.
Ver y más ver, para aprender, oír y más oír, para aprender y saber decir.
El que a pueblo ajeno va a casar, o va engañado o va a engañar.
Ni calentura con frío, ni marido en casa continuo.
Quien no estudia cuando es joven, lamentara cuando sea viejo el tiempo perdido.
Hay quien busca un burro estando sentado sobre él.
Albricias, madre, que pregonan a mi padre.
Hombre refranero, maricón o pilonero.
Para que suegra y nuera se quieran, un burro debe subir la escalera.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Quien con verde se atreve, por guapa se tiene.
Mojarse el potito.
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
El viejo el hipo para morir, el niño el hipo para vivir.
Escoba nueva, barre bien.
Hombre de buen trato, a todos es grato.
Solo borracho o dormido se me olvida lo jodido.
Mientras más aprendo menos sé.
Si buscas una mano que te ayude, búscala al final de tu brazo.
No jales que descobijas.
Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena.
El pan ajeno hace al hijo bueno.
Me lo dijo un pajarito ya casi para volar, todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
En vender y comprar, no hay amistad.
Fortuna te dé Dios, talento no.
Quien nada hace, nada teme.
Ignorante malo, mucho daño hace.
Ni tras pared ni tras seto digas tu secreto.
Aquella que más se niega, más enciende el apetito.
Madre no viste, padre no tuviste: diablo te hiciste.
Pascua pasada, el martes a casa.
Obrita que en sábado viene, puntadita de a palmo y salto de liebre.
Lo de balde es caro.
Dios retarda la justicia, pero no la olvida.
En este mundo nada hay cierto, salvo la muerte y los impuestos.
Si con el chocolate no te quieres quemar, déjaselo a otro paladear.
Buena es el agua, que cuesta poco y no embriaga.
Barba pone mesa, que no brazo ni pierna.
Quien mucho abarca, poco aprieta.
Mudarse por mejorarse.
De vaca vieja, novilla brava.
Ni el caballero buen consejo, ni el letrado buen encuentro.
Suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias.
Parece que le ha hecho la boca un fraile.
A hierro caliente, batir de repente.
No da, ni dice donde hay.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
En sí toma buena doctrina el que en cabeza ajena se castiga.