Tan bonita la dentadura y tan mala la pronunciación.
Menos la muerte y la jodienda todo tiene enmienda.
Necio que calla por sabio que pasa.
A la mar madera, y huesos a la tierra.
Más vale perder un minuto en la vida que la vida en un minuto.
A río crecido, sentarse en la orilla.
Olvidar una deuda no la paga.
Padre no tuviste, madre no temiste; hijo, diablo te hiciste.
Quien castiga con ira, más se venga que castiga.
La adulación procura amigos, la verdad genera odio
Las malas nuevas, pronto llegan.
Llámala puta, pero no la llames fea.
Tripa vacía, suena pronto.
Allí perdió la dueña su honor, donde habló mal y oyó peor.
Juegan los burros y pagan los arrieros.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
Mientras comemos, ¡qué buenos semos!; cuando ayunamos, ¡qué mal andamos!.
Al potro que le alabe otro.
Quien bien ata, bien desata.
Caballo que con tres años ve a una yegua y no relincha, o no le gusta la yegua o tiene prieta la cincha.
El que está en el lodo querría meter a otro.
Más doblado que carpa de camión.
Cuando malaya llegue; ya el caballo está cansado.
Tanto la lima mordió, que sin dientes se quedó.
A quien lucha y suda la suerte le ayuda.
Más se consigue lamiendo que mordiendo.
No encomie un vado hasta que lo hayas pasado.
A tu amigo pélale el higo y a tu enemigo el prisco.
Al hombre aguado, mirarle de lado.
Es agua derramada.
Con agua de malvavisco, se cura hasta el obispo.
Oír campanas y no saber dónde.
Quién no gusta del vino, de la sangre de Cristo no es amigo.
Más haces callando que gritando.
Eso son otros veinte pesos.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
Los pecados de la juventud se pagan en la vejez.
Asno, juez y nuez, a golpes dan sus frutos.
Está como la reina mora que a veces canta y a veces llora.
Cuando en el cielo oscuro hay ventanas, de llover no hay ganas.
Al hombre honrado, todo lo cuesta caro.
Las palabras no cuestan plata.
Después de la liebre ida, palos a la cama.
Agua estancada, agua envenenada.
Abril frío, poco pan y poco vino.
En casa del herrero, nunca falta un palo.
Cuando la borrica quiere correr, ni el borrico la puede detener.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
A cada cabeza, su seso.