Si quieres ver a tu marido morir, dale berros en abril.
Ruin consuelo el aplauso de los muchos.
Más vale tener que dar, que tener que mendigar.
Madre pía, daña cría.
Mientras dura, vida y dulzura.
La que de alto hila, el huso la cae y el culo la pía.
Cartas que deprisa se escribieron, mil disgustos dieron.
Las palabras amables no rompen huesos, pero las palabras perversas rompen muchos.
Más dañado que agua de florero.
Resbalon y tropezon, avisos de caída son.
Más vale algo que nada.
A largos días, largos trabajos.
Amar sin padecer, no puede ser.
Poco mal y bien quejado.
Buena vida me paso, buena hambre me rasco.
La verguenza es último que se piedre.
El que no cojea, renquea.
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
La muerte, al pobre no se atreve.
El que fía, o pierde o porfía.
Dios castiga sin dar voces.
Cual andamos, tal medramos.
Los pesos y los pesares, en algo son similares.
Mal ajeno, para el nuestro no es consuelo.
Buen moro, o mierda u oro.
O faja o caja.
Sin penas, todas las cosas son buenas.
Donde hay pastor y ovejas, nunca faltan quejas.
Los difuntos, todos juntos.
El niño llorón y la china que lo pellizca.
Dar el consejo y el remedio, favor completo.
Antes el trabajo era una maldición, hoy una obsesión.
Ave de mal agüero, a mi vera no la quiero.
La niña que más se cuida, resulta a veces jodida.
Acabándose Cristo, pasión fuera.
Hijos y duelos nos hacen gastar pañuelos.
Hombre anciano, cuando muere poco llorado.
Pan no mío, me quita el hastío.
Amor de puta y convite de mesonero, siempre cuesta dinero.
El mal del milano, las alas quebradas y el pico sano.
Aguja calumbrienta, no estarás en mi herramienta.
Ajo dulce no hay.
No pidas una carga ligera, sino un espalda fuerte.
Afanar y no ganar, doy al diablo tal afanar.
En otoño y en invierno, tiemble el enfermo.
Lo hermoso, a todos da gozo.
Te perdono el mal que me haces nomás por lo bien que me caes.
Juego que tiene revancha, no hay que tenerle miedo.
El aburrimiento es una desgracia
Huele peor el pedo ajeno que el propio.