Al buen callar, llaman Santo.
Por San Fermín, el calor no tiene fin.
Hormigas en ringlera, o temporal o sequera.
A fuer de Toledo, que pierde la dama y paga el caballero.
El mundo promete y no da, y si algo te da, caro te lo cobrará.
Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
A mi amigo quiero por lo que de él espero.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
Vino sacado hay que gastarlo.
Muchos cabitos de vela hacen un Cirio pascual.
Abierto el cajón, convidado está el ladrón.
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
Todo lo quiero: consejo y conejo.
Dos compadres con una botella, dan la mejor sentencia.
Cada gota que cae del cielo, tiene su sitio hecho.
La vara del carro hacia el sur y la rodada hacia el norte.
Tu deseo bueno sea, para quien bien te desea.
La fortuna es un montoncillo de arena: un viento la trae y otro se la lleva.
A lo que está de moda, todo el mundo se acomoda.
Juicios tengas, y los ganes.
Callen barbas y hablen cartas.
Más vale un palabra a tiempo, que cien a destiempo.
Abrojos, abren ojos.
Pronto será un limosnero el que no puede decir no.
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
Quien milagros busca, con el diablo se topa.
Una cosa es una cosa, y seis media docena.
Paga lo que debes; que lo que yo te debo, cuenta es que tenemos.
A la tercera va la vencida y a la cuarta la jodida.
Sapos cantando, buen tiempo barruntando.
La última cuenta la paga el diablo.
Cuando el diablo canta, contento está el infierno.
Volverse humo.
Boda mojada, novia afortunada.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
A ciento de renta, mil de vanidad.
Boda y cofradía, no es para cada día.
Estudiante y diablo, una misma casa con dos bocados.
Secreto de dos, guardado; de más de dos, en la calle echado.
A feria vayas que más valgas.
Poco y entre zarzas.
Por Santa Marina siembra tu nabina; yo que lo sé, por San Bartolomé.
De Madrid al cielo, y un agujerito para verlo.
Consejos en amores nunca recibas, y menos cuando vienen de las amigas.
Jabón e hilo negro, todo es para la ropa.
Contra la gota, ni gota.
El dinero del pobre, dos veces se gasta. El duro del casado vale dos cincuenta.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Hacer oídos de mercader.
Los necios hacen la fiesta, y los listos la celebran.