Las maldiciones son como las procesiones; por donde salieron vuelven a entrar.
Hay quienes pasan por el bosque y no ven leña para el fuego.
Si quieres saber como es tu amigo, túmbate al borde de un camino y simula que estás borracho.
Echéme a dormir y espulgóme el perro, no la cabeza sino el esquero.
A los curas caso omiso, y para mí un buen piso.
Al alzar de los manteles, haremos cuentas y pagaredes.
Manos duchas comen truchas.
El búfalo amarrado detesta al búfalo que cabalga por la llanura. (No cuentes dinero delante de los pobres).
Maldición de puta vieja no va al cielo.
No hay camino tan llano, que no tenga algún barranco.
Esta permitido ser más hábil que los demás; pero es peligroso parecerlo.
Adelante con los faroles.
No hay sabado sin sol, ni domingo sin borracho.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
Al arquitecto la piedra, y la casa al empedrador.
Hay quien tiene cabeza pero no tiene gorra para ponerse, y hay quien tiene gorra pero no tiene cabeza.
Abogado en el concejo, hace de lo blanco negro.
Estar como caimán en boca de caño.
Tres cosas hay que matan al hombre: putas, juegos y medias noches.
¡Fíate de la Virgen y no corras!.
El sordo no oye, pero bien que compone.
A la muerte pelada no hay puerta cerrada.
De todos los santos a adviento, mucha lluvia y poco viento.
Para torear y casarse hay que arrimarse.
Es triste no tener amigos, triste que los hijos pasen penurias, triste no poseer más que un sombrero; pero más triste es no tener nada bueno ni malo.
Por una alegría mil dolores
No satisfagáis jamás hasta la saciedad vuestros deseos; así os proporcionaréis placeres nuevos.
El viajero que sed siente, se agacha y besa la fuente.
El borracho fino, después del dulce, vino.
El que tuvo, retuvo, y guardó para la vejez.
Más discurre un hambriento que cien letrados.
Solo el hombre prudente puede emplear bien sus ocios.
A las veces, do cazar pensamos, cazados quedamos.
El interés dueño del mundo es.
El que por su gusto es buey hasta la coyunda lame.
El que mal se maneja, despacio padece.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
Hablando, hablando, la ocasión se va pasando.
Ninguno do otros es señor si no lo es del corazón.
Solamente los imbéciles no cambian de opinión
Que el amor no imite las fuertes olas, numerosas pero efímeras; sea en cambio como el agua escondida bajo la arena: parece imposible encontrarla y se la encuentra
En Febrero llama a obrero, a últimos que no a primeros.
Hacer de una pulga un elefante.
Untar la carreta para que no chirrié.
La carne de burro no es transparente.
Hombre avisado, medio salvado
Ni se muere el padre ni cenamos.
La suerte avanza a pasos de tortola y huye a pasos de gacela.
Otra mancha más al tigre, no hace la diferencia.
Más quiero cardos en paz, que no salsa de agraz.