Mi secreto, en mi pecho.
La intención es lo que vale.
La cama y la puerta dicen si la mujer es puerca.
Si vences la desesperación vencerás otras batallas
Yerro es tomar oficio ajeno y dejar el propio.
Los celos son el gusano del amor.
Como el espigar es el allegar.
Si alejas el combustible, alejas el fuego.
La polla que se apendeja, la agarra la comadreja.
Martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu familia te apartes.
Bolsillo vacío, trapo le digo.
El árbol con demasiadas hojas no da siempre frutos sabrosos.
Cántaro vacío, con solo aire hace ruido.
Contigo no quiero tratos, pero con tu hermano sí, que me paso buenos ratos.
Suegra y nuera, no hay peor parentela.
Téngale miedo a la ira de Dios ya una escasez de mujeres.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
Chico bache y grande caída.
No dejes para otros lo que no quieras para ti.
Tontos y locos, nunca fueron pocos.
En casa sin mujer, no te podrías valer.
Dios da barbas, al que no tiene quijada.
Al buen amanecer no te lo dejes perder.
Diste la mano y te agarraron el pie.
Lo nuevo guarda lo viejo.
El saber no ocupa lugar, la ignorancia tampoco.
Sobre gustos y colores no han escrito los autores.
Gran calma, señal de agua.
Hacemos daño al hombre cuando le pedimos hacer lo que está dentro de sus posibilidades o hábitos.
La crianza aleja la labranza.
No hay nada más caro que lo regalado.
Acertar, errando, sucede de vez en cuando.
Riñen los pastores, y se descubren los quesos.
Con dinero, aunque borrico, ¡qué buena persona el chico!.
Cuando tengas un convidado, añade algo a lo acostumbrado.
El llanto alivia el quebranto.
A enfermedad ignorada, pocas medicinas y a estudiarla.
El hombre que desea estar tranquilo ha de ser sordo, mudo y ciego.
No hagas bien a villanos, si no eres loco ni santo.
Chancho limpio nunca engorda.
Mil amigos son demasiadamente poco; un enemigo es demasiadamente mucho.
Freno dorado no mejora el caballo.
Toma a un hombre por la palabra y a una vaca tómala por los cuernos.
Nadie diga: de esta agua no bebere.
Dios los cría y el diablo los junta.
Los puñales y las lanzas no son tan afilados como las palabras.
Más hace el lobo callando que el perro ladrando.
El llanto sobre el difunto.
Apaga la luz, Mañosón!
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.