Boca cerrada y ojo abierto, no hizo jamás un desconcierto.
El perdón sobraría donde el yerro falta.
A buen amigo buen abrigo.
No te esfuerces por obtener un exceso, cuando tienes cubiertas las necesidades.
A la mal casada, déla Dios placer, que la bien casada no lo ha menester.
Va al hoyo el mozo y el gozo al pozo.
No hay otra felicidad que la paz interior.
Donde veas a todos cojear, debes a lo menos renquear.
Hacienda en dos aldeas, pan en dos talegas.
O todos en la cama, o todos en el suelo.
Al hambre de siete días, no hay pan duro.
Si no gozo de mi dinero, ¿para qué lo quiero?
Las tres ces que matan a los viejos: caída, cólico o cursos.
Agua de por San Juan, quita vino y no da pan.
Los dolores irreparables harían el papel más ridículo si se dejaran consolar.
Arca abierta al ladrón espera.
A cada cañada le llega su añada.
No hay viudita sin duelo, ni triste in consuelo.
De floja tierra, nunca abundante cosecha.
Ramal y bozal, para el animal.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.
Siempre hay un roto para un descosido.
La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Llueve a cargas, que hecho está donde caigas.
Tres ces matan a los viejos: caída, cámaras y casamiento.
Donde no se gana nada, algo se va perdiendo; por lo menos, el tiempo.
A callarse ranas, que va a predicar el sapo.
Al buen amigo, dale tu pan y dale tu vino.
No hay sábado sin sol, ni mocita sin amor, ni viejo sin dolor.
Rana en el fondo del pozo.
Bien convida, quien prestó bebe.
Para tener paz en casa cuando llega el marido todo debe estar limpio.
Toma y daca.
Dios le da pañuelo a quien no sabe limpiarse.
Cuando malaya llegue; ya el caballo está cansado.
El honor y el ocio no suelen ser buenos compañeros.
Cada cual ha de llevar su carga.
Amigo viejo para tratar y leña seca para quemar.
Con putas y frailes ni camines ni andes.
Casa compuesta, caja en la puerta.
Comprar y vender excelente camino para enriquecer, que trabajando, solo has de padecer.
A quien ganando no guarda, media albarca; y a quien ni ganar espera, abarca entera.
Si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos.
El flojo y el mezquino recorren dos veces el camino.
Un duro y un vaso de buen vino son los mejores amigos, y en caso de mucho apuro, si no tienes el vaso, ten el duro.
De aceituna, una; de vino una laguna; y de asado, hasta quedar botado.
Juntos pero no revueltos.
La cortesía es de quien la da y no de quien la recibe.
Entre bueyes no hay cornadas.
A golpe dado no hay quite.