La buena obra, ella misma se loa.
La cortesía es de quien la da y no de quien la recibe.
A golpe dado no hay quite.
A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.
Hacienda de señores, cómenla los administradores.
El dinero vaya y venga y con sus frutos nos mantenga.
Quien va sin apuro, camina seguro.
La cerda vistiendo seda, igual de marrana queda.
El trabajo no deshonra, dignifica.
Cuando llueve en San Canuto, tres meses justos.
Nadar, nadar, y a la orilla ahogar.
Los que temen una caída están medio vencidos.
La ausencia es al amor lo que al fuego el aire: que apaga al pequeño y aviva al grande.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Reducimos nuestras necesidades haciendo menores nuestro deseos.
Cuando otro sufre, es madera que sufre.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
En camino largo, corto el paso.
Hambre matada, comida acabada.
La monotonía genera aburrimiento
A río revuelto, ganancia de pescadores.
Quien te alaba en tu presencia te censura en tu ausencia
Favor hecho a muchos, no lo agradece ninguno.
Abrir la fuente y disminuir el escape del agua.
Si en Marzo oyes tronar, prepara la media y el costal, y que no sea para buscar.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
Poco dinero, poco sermón.
Palos con gusto no duelen.
A barbas honradas, honras colmadas.
Agua en ayunas, o mucha o ninguna.
Castaña la primera y cuca la postrera.
El silencio es más disiente, que la palabra imprudente.
Si te cansas de un amigo, préstale dinero.
La muerte en la patria es agradable.
Buena cuenta es toma y daca, y todas las demás, caca.
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
A confite de monja pan de azúcar.
Ni a pícaro descalzo, ni a hombre callado, ni a mujer barbada les des posada.
El trabajo por la mañana vale oro.
Menos pregunta Dios y más perdona.
Al mal año, tarria de seda.
Indio que va a la ciudad, vuelve criollo a la heredad.
Aguardiente arrancarejas, no la bebas.
Al asno y al mulo, la carga al, culo.
Cada uno en su casa, al rey hace cabrón.
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda sentado en él.
Nada más que me enderece dijo el jorobado.
Llora tus penas y deja las ajenas.
Riñen los pastores, y se descubren los quesos.
Como te cuidas, duras.