Reniego del árbol que a palos ha de dar su fruto.
Al amigo que en apuro está, no mañana, sino ya.
Juventud con hambre quisiera yo, y vejez con hartura no.
Buena olla y mal testamento.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
A la larga, lo más dulce amarga.
Poco dura la alegría en la casa del pobre.
Cuando se vuelven las tornas, medio mundo se trastorna.
Por amor a la rosa se soportan las espinas
Dios castiga sin dar voces.
Quien anda mal, acaba mal.
Los falsos amigos y las deudas, siempre llegan sonriendo.
Dádiva de lo mal ganado, no la recibe Dios con agrado.
Se olvida una buena acción, y no un buen bofetón.
Irse de picos pardos.
Al perro y al niño donde le den cariño.
Una liebre con dos galgos se avasalla, y si se va que se vaya.
Lo que el Diablo no puede hacer hácelo la mujer.
A "idos de mi casa" y "qué queréis con mi mujer" no hay que responder.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
Hambre y frío entregan al hombre a su enemigo.
El que cree en la astrología, se amarga todos los días.
Madrastra, ni de cera ni de pasta.
Que difícil es hacer el amor en un Simca 1000.
No hay madre como la de uno mismo.
Una cena sin vino, es como un día sin sol.
No encomie un vado hasta que lo hayas pasado.
Cada uno muere de su vicio.
Mujer de tahúr, no te alegres, o que ti home esta noche gana mañana lo pierdes.
Quien no comprende una mirada, tampoco comprendera una larga explicacion.
Pronto pasan al olvido los muertos y los idos.
No hay manjar que no empalague, ni vicio que no enfade.
Todo acaba con la muerte, menos, el hacer bien.
El hombre no sabe para quien trabaja, y la mujer para quien lo tiene.
Que cada sacristán doble por su difunto.
La que no baile, de la boda se marche.
Gaviota hacia tierra, marinero a la mierda.
El hombre más listo enloquece al amar; la mujer más tonta se vuelve lista cuando ama
El gozo en el pozo.
A caballo dado no se le ve (el) colmillo. (v. tb. "A caballo regalado...", más abajo
El casado, casa quiere y costal para la plaza.
Bromas y chascarrillos para los amiguillos.
No tengan miedo que yo estoy temblando.
Quien bueyes ha perdido, cencerros se le antojan.
Los pesares envenenan la sangre.
La carne triste, no la quiere ni Cristo
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Donde hay cariño, allí va el niño.
Al santo que no me agrada, ni padre nuestro ni nada.
El que se fue a Tocopilla perdío su silla