Hay quien no ve su camino.
El nosotros anula el yo.
A chica cama, échate en medio.
Ojos que los vieron ir, no los verán volver.
Amigo si te echas novia, échatela entre semana, porque en llegando al domingo, la más cochina se lava.
Dañada una pera, dañadas sus compañeras.
Quien por mucho deja lo poco, suele perder lo uno y lo otro.
Moza dominguera no quiere lunes.
Brilla por su ausencia.
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
En los meses de erre, en piedra no te sientes.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión.
Los enemigos del casado son tres: la moda, el modista y la mujer.
Lo hermoso, a todos da gozo.
Estoy como gallo en corral ajeno
Estas matando el tiempo, no sabes que el tiempo es quien te esta matando a ti.
Deprisa viene el mal, pero cojeando se va.
Bien de mis males, mal de mis bienes.
El corazón que sabe temer sabe acometer.
El que no encuentra amigos, por algo será, yo digo.
En lágrimas de mujer y en las cojeras del perro, ninguno debe creer.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
Casamiento malo, presto es concertado.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Perdona, antes de que el sol se ponga.
Rubias o morenas, cuando pierden el tinte, dan pena.
Quien en tierra ajena muere, doblada pena tiene.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
Con beatas y beatos, mucha vista y poco trato.
Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman.
Al fraile y al puerco, mostradle una vez la casa que el se vendrá luego.
El perro, mi amigo; la mujer mi enemigo; el hijo, mi señor.
Quien corteja a una casada, la vida lleva prestada.
A quien debas contentar, no procures enfadar.
Sin precio no se han las mujeres.
Serás el amo, si tienes la sartén por el mango.
Rodilla de lana a su dueño engaña.
Resbalon y tropezon, avisos de caída son.
No hay mayor dificultad que la poca voluntad.
Cuando de visita te pierdo, si te vi ya no me acuerdo.
Nadie le da vela en este entierro.
Zapatazo que le duela, a quien sin llamar se cuela.
Nadar, nadar, y a la orilla ahogar.
Malo, pero ajeno, sabe a bueno.
Juncos aunados, por nadie quebrados.
Marido rico y necio no tiene precio.
Dinero al juego ganado, dinero prestado; a jugar volverás y perderás.
La amistad, la que quieras, pero la cebada, a veinte la fanega.
Aunque la dulzura halaga, la mucha miel empalaga.