Infierno y gloria, dos nombres en discordia.
Bastante colabora quien no entorpece.
Junta de lobos, muerte de ovejas.
Habla poco y bien, tenerte han por alguien.
El consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma es loco.
El vino y la verdad, sin aguar.
El llanto es el privilegio del hombre.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
Mucho decir veremos, pero nunca vemos.
La sátira Solo ofende, a la gente que la entiende.
La imprudencia abre la puerta, y la pereza la mantiene abierta.
Hombre hablador, nunca hacedor.
De la esperanza vive el cautivo.
Que todo es ilusión menos la muerte.
Si no fuera por el "si" y el "pero", ¿quién dejaría de tener dinero?
El mundo es para los osados, no para los tímidos callados.
Muy bueno no puede ser quien indulgente no es.
Manos que no dais, ¿qué esperáis?.
Juegos, pendencias y amores, igualan a los hombres.
Mucho dinero, época virtude; poco dinero, mucha salud.
A nuevos tiempos, nuevos usos.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Dimes y diretes, entre grandes y pequeñetes.
Si la fuerza hace vencedores, la concordia hace invencibles.
El pan con hartura y el vino con mesura.
Donde hay gana, hay maña.
Dios consiente, pero no siempre.
Habla no cuando quieras, sino cuando puedas.
Nunca te cierres la puerta, que el mundo da muchas vueltas.
Repartamos así: para ti la Justicia y el favor para mí.
Cuando promete un hombre honrado, queda obligado.
Poco sol, poca cena y poca pena, y tendrás salud buena.
Dale, si le das, que me llamen en casa.
Cuando los Estados Unidos estornudan, Europa se acatarra.
Madre quiero ser, e hijos tener.
Muchos a dispoñer, ningún a cumprir.
Nadie da lo que no tiene.
Espada y mujer, ni darlas a ver.
Dame dineros y no consejos.
Donde hay confianza, da asco.
Dame venta y te daré cuenta.
Honra y dinero se ganan despacio y se pierden ligero.
La dama más impoluta, si se descuida se vuelve puta.
Oye los consejos de todo el mundo, y sigue el tuyo.
La ley justa no es rigurosa.
Sirve a señor noble, aunque sea pobre.
Badajoz, tierra de Dios, que andan las putas de dos en dos.
La muerte todas las cosas iguala.
Más vale un "por si acaso", que un "que pensaran".
Bahabón, en cada casa un ladrón, en la del alcalde dos, y en la del alguacil, hasta el candil.