Cenó carnero y amaneció muerto.
En Octubre echa pan y cubre.
Mediado enero, mete obrero.
Reniego del necio que jode con la mujer del cuerdo.
Amor con celos, causa desvelos.
Ama a tu vecino, pero no quites la cerca.
Caballo que alcanza, pasar querría.
A raposa durmiente, no le amanece la gallina en el vientre.
Sol puesto, obrero suelto.
Necios y gatos son desconfiados.
Al vivo la hogaza, al muerto la mordaza.
Caro compró el que rogó.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
Ser un mordedor de pilares
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
Castaña la primera y cuca la postrera.
En casa del carpintero, zuecos de hierro.
El aragonés fino después de comer tiene frío.
Algo tiene la fea, por donde el galán la desea.
Muchas veces el que escarba lo que no querria entrada.
El muerto se asusta del degollado.
Tirar la piedra y esconder la mano, es cosa del villano.
El buen vino para el catador fino.
Al gorrino y al melón, calor.
Mejor precavido, que arrepentido.
De quien a la cara no mira, todo hombre discreto desconfía.
El hombre discreto saca mayores ventajas de sus enemigos que un tonto de sus amigos.
Guiso recalentado y amigo reconciliado, dales de lado.
El ganar es ventura y el conservar, cordura.
Fraile que fue soldado, sale más acertado.
El vino poco, trae ingenio; mucho, se lleva el seso.
Parejo como las calles de León.
Gato enfadado, araña hasta con el rabo.
Solo el ciego tantea en la oscuridad.
Pan, vino y mujer, si han de ser buenos, de Toledo han de ser.
Casa oscura, candela cuesta.
Cuando viene la golondrina, el verano está encima.
Coja o tuerta, la que está junto a tu puerta.
Mal está el ama, cuando el barbero llama.
Más difícil que matar un burro a pellizcos.
Aunque suegro sea bueno, no quiero perro con cencerro.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
El pez muere por su propia boca.
Quien dineros ha de cobrar muchas vueltas ha de dar.
En casa del herrero, martillo de palo.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
Viejos los cerros y reverdecen
Una uva a ratitos, abre el apetito.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.