Amor de amos, agua en cestos.
De luengas vías, luengas mentiras.
La primavera la sangre altera.
Está oscuro debajo de la lámpara
Cuando una mujer te pida que te tires por un tajo, pídele a Dios que sea bajo.
Ojos dulces y apacibles, pero hay cosas más tangibles.
Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hincho el papo.
Bailar sin son, o es estar loco, o enorme afición.
Libros cerrados, no hacen letrados.
Boñigas hacen espigas.
Cuanto más quiere una mujer a su marido, más corrije sus defectos.
Las dichas enviadas por Dios no despiertan al que duerme.
Fuiste doncella y viniste parida.
La mujer debe gobernar la casa, y el marido la caja.
A lo que no tiene remedio, oídos sordos.
Desnudar un santo para vestir otro, es de bobos.
Una onza de vanidad deteriora un quintal de mérito.
A gran hambre no hay pan malo, ni duro ni bazo.
Buena romería haz, quien a su casa pone en paz.
No compres cosa vieja que no sea vino, jamón o teja.
Fácil es criticar y difícil obrar.
Si el caballo no sube, el burro mucho menos.
Ahorrar no es solo guardar sino saber gastar.
Humedades de Abril, malas son de salir.
Entre más apuro menos prisa.
Lo que no puede uno, pueden muchos.
Como es el mesón, así los huéspedes son.
Hablar a tontas y a locas.
A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.
Más quiero un mediano remedio, que cuatro buenos consejos.
Cada palito tiene su humito.
El borracho vendería los pantalones por beber.
Ocasión llegada presto agárrala.
No hay duelo sin consuelo.
Lo bailado nadie me lo quita.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Un juego de cartas se juega con dinero
Dale suficiente cuerda y se ahorcará el mismo.
Hace más ruido un árbol cayendo que un bosque creciendo.
Juan de las Bragas, si no quieres que te lo digan, no las hagas.
La mujer, generalmente hablando, está, generalmente, hablando.
Confianza, en Dios y en que sea gruesa la tabla.
Fía poco, del que tiene horror al mosto.
Cuando el carro se ha roto mucho os dirán por donde se debía pasar.
Debajo de la manta, tanto vale la negra como la blanca.
Ni rosas sin espinas, ni amor sin celos.
Cuando la vieja se remoza, andar ligera debe la moza.
Desconfiad de la mujer que habla de su virtud y del hombre que habla de su honestidad.
Mujer sin varón, ojal sin botón.
Las gracias y los donaires no asientan sobre ingenios torpes.