Quien trabaja por sí mismo trabaja por tres
A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.
Por un mal chiste, un buen amigo perdiste.
Traducción: Castañas, nueces y vino, son la alegría de San Martín.
Vence en la mocedad los días buenos, y para la vejez quedan los duelos.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
Si Dios hizo la abeja, hizo la avispa el diablo.
El que vale, vale, y el que no a la Marina.
Con lo que Juan mejora, Pedro empeora.
No hay tal reja como el culo de la oveja.
El ajo es la triaca del villano.
Cada maestrito tiene su librito.
Aquel pregona vino y vende vinagre.
Nadie yerra por callar y hablando mucho, mucho se suele errar.
Zurcir bien es más que tejer.
El que escucha consejos, llega a viejo.
Arandino, borracho fino.
Harás quesos mil en el mes de Abril.
El que tiene hijos vive como un perro y muere como un hombre; y el que no los tiene, vive como un hombre y muere como un perro.
Donde veas a todos cojear, debes a lo menos renquear.
O llueve o apedrea, o nuestra moza se mea.
Estás más perdido que un juey bizco.
El flaco cuando no es hambre, es resistente como un alambre.
Todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
Donde hay cariño, allí va el niño.
Es mejor ser envidiado que ser apiadado.
El amor de la mujer, en la ropa del marido se echa a ver.
De Dios a abajo, cada cual vive de su trabajo.
El que siembra, cosecha.
Derramar vino, buen desatino; derramar sal, mala señal.
El que poco pide, poco merece.
El dueño del perro no obedece a su perro.
Cuando moco, moco, cuando cana, cana.
Cuando el sol se pone cubierto, o lluvia o viento.
Bien viene el don con la veinticuatría, y mal con la sastrería.
Oír como quien oye llover.
Cada uno en su casa es rey, pero su mujer hace la ley.
Nadie sabe para quien trabaja.
La envidia es una mala consejera.
Los ojos se fían de ellos mismos, las orejas de los demás.
La buena hilandera, con el rabo del asno, hilaba su tela.
Santo Tomás, una y no más.
Dice Salomón: da vino a los que tienen amargo el corazón.
El vino es la ganzúa de la verdad.
La lujuria nunca duerme.
Amor y viento, uno se va y vienen ciento.
Nadie da duros a cuatro pesetas.
Pasión tapa los ojos a la razón.
Rostro de horno, piernas de río y tetas de frío.
Lleva la burra la carga, más no la sobrecarga.