Si una mujer no se guarda, ¿quién la guarda?.
En casa del jugador loco, la alegría dura poco.
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
Es más fácil hablar que saber guardar silencio.
Muerte no venga que achaques no tenga.
Ajo cebollino, para con vino.
Olla que hierve arrebatada, olla malograda.
Los padres todo lo deben a sus hijos.
Buen arte es el médico que sotierra su yerro.
A la muerte ni temerla ni buscarla, hay que esperarla.
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
Cabellos y problemas no faltan nunca.
No te desesperes mientras puedas enamorarte
Cuanto más amistad, más claridad.
Del mal manjar, un bocado nomás.
Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
Quien escucha, su mal oye.
Adulador; él es tu enemigo peor.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
Siéntate, si así quieres, sobre el corazón de un león, pero nunca sobre el de un hombre.
A quien Dios ama, Dios le llama.
Un deber fácil no es un deber
Viejo cansado, muerto o corneado.
Piensa con menos emociones y vivirás largos días.
Cuando una desgracia amaga, otras vienen a la zaga.
Alabanza propia es vituperio.
La piedra regalada por un amigo es una manzana
El hombre pone y la mujer dispone.
Ningún rencor es bueno.
Lo mío, mío; y lo tuyo, de entrambos.
Al ausente, por muerto le da la gente.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
Líbreme Dios de hora menguada y de gente que no tiene nada qué perder.
A la vejez, dinero y mujer.
La escama de los besugos puede ser nuestro verdugo.
Toda virtud está siempre entre dos vicios
La mujer del viejo, relumbra como el espejo.
Favores en cara echados, ya están pagados.
Quitáronle a la tuerta, y diéronlo a la ciega.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
Sabe agradecer la honra a quien te la hace y dona.
Justicia es agravio cuando no la aplica el sabio.
El cliente siempre tiene la razón.
Tal queda la casa de la dueña, ido el escudero, como el fuego sin trashoguero.
A hombre hablador e indiscreto no confíes tu secreto.
Más vale ver una sola vez que oír cien veces.
La mujer compuesta grita al marido de otra puerta.
Dios nos libre de sufrir, todo lo que le cuerpo puede soportar.
Alegría, albarderos que bálago se arde.
Buey hermoso, no es para trabajo.