Hijo sin dolor, madre sin amor.
Casa y potro, que lo haga otro.
Cada día, su pesar y su alegría.
Sin Ceres y Baco es amor débil y flaco
Quien habla sin razonar, mucho lo ha de lamentar.
Buey sin cencerro, piérdese presto.
En la cárcel y en la cama se conoce a los amigos.
A gallo viejo gallina joven.
Con amor y aguardiente, nada se siente.
En los labios del prudente hay sabiduría; en la espalda del falto de juicio, solo garrotazos.
Madre, casarme quiero, que ya llegó el candelero.
Amistades que son ciertas mantienen las puertas abiertas.
Buen amor y buena muerte, no hay mejor suerte.
Aunque es algo loco, la pena le hará cuerdo.
Mejor es resignarse que lamentarse.
Dineros y amores, diablos y locura, mal se disimulan.
Si tienes mucho, da tus bienes; si tienes poco, da tu corazón.
Si hay luz en el alma, habrá belleza en la persona; si hay belleza en la persona, habrá armonía en el hogar; si hay armonía en el hogar, habrá orden en la nación; si hay orden en la nación, habrá paz en el mundo.
Entender lo bello significa poseerlo
Dios nos libre de un ya está hecho.
Jóvenes y viejos, todos necesitamos consejos.
Esperando al duque que no llegó, la dama envejeció.
Pretextos quiere la muerte para llevarse al enfermo.
Se vuelve amargo el vino si no se tiene con quien brindar.
Alguacil que no es sutil, no sirve para alguacil.
Buena es la justicia si no la doblara la malicia.
Más vale una cuchara de suerte que una olla de sabiduría.
Paciencia, hermanos y moriremos ancianos.
Al loco y al aire, darles calle.
Pobre pero honrado.
Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.
Bien mereció papilla quien se fió de Mariquilla.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
Favorecer, es por norma perder.
Bárbara reina, bárbaro gusto, bárbara obra, bárbaro gasto.
Caballo cosquilloso no lo compres, aunque sea hermoso.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
Esas perlas, perdónalas, por tener que engarzarlas.
El cuco y el sacristán, juntos de juerga se van.
Obispo por obispo, séalo Don Domingo.
Albarcas, borona y mujer, cerca de casa están bien.
Abierto el cajón, convidado está el ladrón.
Quien da lo que tiene, a pedir se queda.
El sastre, corte y cosa, y no se meta en otra cosa.
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
Cada necio quiere dar su consejo.
Con chatos, poco o ningún trato.
Lo que no puede curarse hay que aguantarlo.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.