Una de cal y otra de arena, y la obra saldrá buena.
El que no le teme a la muerte es porque no le teme a la vida.
Los celos son el gusano del amor.
El malo siempre piensa engaño.
A barriga llena, corazón contento.
Si la suerte quiere ir a ti, la conduciras con un caballo, más si quiere irse romperá una cadena.
Cuervo con cuervo, no se quitan los ojos.
El corazón sospechoso no tiene reposo.
Reniego de plática que acaban en daca.
Quien va pasito a pasito, llega descansado.
Hoy debiendo, mañana pagando, vamos trampeando.
Hoy por mí, mañana por ti.
Aire de Levante, agua delante.
Mejor que juntar las manos para rezar, es abrirlas para dar.
Vicio es callar cuando se debe hablar.
La muerte es tan cierta como la hora incierta.
La mitad de nuestras equivocaciones nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos.
Favorecer a un bellaco, es echar agua a un saco.
Gente castellana, gente sana.
Quien no tiene enemigos, de nadie es conocido.
Cuando te convida el tabernero, te convida con tu dinero.
El sabio calla, el tonto otorga.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Hacerse de la vista gorda.
Quien no cree en los santos, menos cree en espantos.
Los ojos son el espejo del alma.
Es fácil caer en una trampa, pero difícil salir de ella.
Rana en el fondo del pozo.
Una cosa es la que piensa el amo y otra la que piensa el caballo.
Madruga y verás; busca y hallarás.
Por unos pierden otros.
La paciencia es amarga, pero produce un dulce fruto.
Quien frena la lengua conserva a sus amigos.
Ir contra la corriente, no es de hombre prudente.
Es hombre honrado el que es todo lo que hay que ser para no morir ahorcado.
La mujer es como la huella: Siempre parece mejor la de al lado.
Más vale libertad con pobreza, que prisión con riquezas.
Tal padre, tal hijo.
Quien no oye consejo no llega a viejo.
A más edad, más conocemos del mundo la falsedad
No pongas a tu mejor amigo en la disyuntiva de tener que elegir entre ti y una cruz de caballero
Compañía de dos, mi perro y yo.
Dime lo que decantas y te diré lo que te falta.
A la lengua y la serpiente hay que temerles.
Estás entre la espada y la pared.
A cada cual inclina Dios para lo que es y a buen fin, si no lo tuerce quien se hace ruin.
Los cirujanos deben tener ojo de águila, corazón de león y mano de mujer.
La rueda de la fortuna nunca es una.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
Quien tuvo, retuvo.