Nunca se acuesta uno sin saber unas cosa nueva.
Una equivocación, cualquiera la tiene.
Pecado callado, medio perdonado.
La habilidad del artífice se conoce en su obra.
Cada cual a lo suyo.
No puede ser precavida, quien no sabe de la vida.
Dar consejo es virtud de segundo orden.
Atender y entender para aprender.
Abrojos, abren ojos.
A confesión de parte relevo de prueba.
La diligencia es la madre de la buena forma.
El silencio es más disiente, que la palabra imprudente.
El hombre es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla.
Es más fácil hablar que saber guardar silencio.
Quien da no debe acordarse; quien recibe no debe olvidar nunca
La mujer ha de saber, primero puta que buena mujer.
Cree lo que vieres y no lo que oyeres.
En chica cabeza caben grandes ideas.
Saber dónde aprieta el zapato.
El rostro es el espejo del alma.
Si lo sabe Dios, que lo sepa todo el mundo.
Ojo al dinero, que es el amor verdadero.
La vida es un deber a cumplir
En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos.
Del mirar nace el desear.
Saberlo ganar y saberlo gastar, eso es disfrutar.
Mujer hermosa, soberbia contenciosa.
En los ojos del patrón, verás siempre la ambición.
Quien a decir agrias verdades se pone, agrias verdades oye.
Callar y coger piedras es doble prudencia.
El que solo se ríe, de sus maldades se acuerda.
Hombre muy escrupuloso, siempre será menesteroso.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
Fraile de buen seso, guarda lo suyo y guarda lo ajeno.
El respeto al derecha ajeno es la paz.
Quien sabe, sabe.
Pensar no es saber, y más en tiempo de vendimias.
Fe y verdad, en el cielo se sabrá.
Los celos ciegan la razón.
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
Ante la duda, la más madura.
Saber amar es mucho saber.
Con mucho porfiar, se pierde la verdad.
Mal piensa el que piensa que otro no piensa.
El que esta arriba, no se acuerda del que esta abajo.
Justicia y no por mi casa.
Quien vive de recuerdos, vive entre muertos.
El último en saberlo es siempre el interesado.
La preocupación suele hacer que las cosas pequeñas proyecten grandes sombras.
El alma cruelmente herida, perdona pero no olvida.