Poco a poco se cría la muchacha desde el moco.
Id a la feria y veréis como os va en ella.
Errando errando, se va acercando.
El que quiera conquistar tiene que luchar.
Ya que aprendiste a cobrar, aprende también a trabajar.
En marrano y en mujer, más vale acertar que escoger.
La generosidad consiste en dar antes de que se nos pida.
El que primero llega, ése la calza.
El que quiere, va; el que no quiere, envía.
Al que le pique, que se rasque.
Avanza, avanza; que la juventud no se cansa!
De hombres es errar, y de burros rebuznar.
Ni comer sin beber, ni firmar sin leer.
El caracol donde nace, pace.
¿Mirón y errarla?.
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
Cuando apunte la hoja, siembra la panoja.
Hablar a tiempo requiere tiento.
A menudo una pequeña chispa logra encender un gran fuego.
Más vale perder un minuto en la vida que la vida en un minuto.
Al mal pagador más vale darle que prestarle.
Voy a ir hacer un mandado.
Hay que darle el beneficio de la duda.
Hoy debiendo, mañana pagando, vamos trampeando.
Cuando alguien tiene un vicio, o se caga en la puerta o se caga en el quicio.
Si quieres llegar rápido, ve despacio.
La intención es lo que vale.
Si quieres aprender a orar, entra en la mar.
Es en lo más estrecho del desfiladero donde comienza el valle.
Para adquirir el derecho a desnudar a las mujeres, hay que empezar por pagarles los vestidos.
Quien acomete vence.
A caballo brioso toca: o frenarlo o se desboca.
Poda en enero y cava en Febrero, y conseguirás un racimo entero.
Dar es corazón, pedir es dolor
Toma y daca.
Bien ora quien bien obra.
¡Sé siempre el primero, incluso para los golpes!
Ir a la guerra, navegar y casar, no se ha de aconsejar.
Si ves las estrellas brillar, sal marinero a la mar.
No apruebes hasta que pruebes.
Como te presentes, así te mirara la gente.
Para saber hablar, es preciso saber escuchar.
Tropezando y cayendo, a andar va el niño aprendiendo.
Beber y comer, son cosas que hay que hacer.
Hable bien el que sabe, y el que no, echase la llave.
Lo que de noche se hace a la mañana aparece.
No esperes a tejer tu capa cuando empieza la lluvia.
Para enseñar a los demás, primero has de hacer tú algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo.
Lo que haces, encuentras.
Echa bien tus cuentas, para que después no te arrepientas.