Quien huelga no medra.
Vino en jarro quiero; que no me sindiquen lo que bebo.
Quien acomete vence.
El vulgo es necio y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto.
Ni tras pared ni tras seto digas tu secreto.
Calavera no chilla. (El que disfruta la noche no se debe quejar que tenga sueño)
El mozo bien criado no habla sino cuando es preguntado.
La vasija vacía es la que hace más ruido.
Hablar de la guerra y estar fuera de ella.
Boca cerrada y ojo abierto, no hizo jamás un desconcierto.
Eso no te lo despinta nadie.
Más sordos y cegatones, quienes no aceptan razones.
Quien hace mal, aborrece la claridad.
Con mala persona el remedio es mucha tierra en medio.
Esconder la ignorancia es hacerla crecer.
Deudas tienes y haces más, si no mientes, mentirás.
Engañarme porque no me mintió, que si me mintiera, engañarme no pudiera.
Las piedras no hablan.
Es mejor escuchar poco y entender que escuchar mucho y no hacerlo.
No es el que más grita el que tiene más razón.
Casa y potro, que lo haga otro.
Cuando las dos partes arguyen muchas razones, el prudente cede primero.
El que la deba, que la pague.
Quizás nunca escucharas las cosas que quieres oir de la persona que quisieras que las dijera, pero no seas tan sordo para no oirlas de la persona que te las dice desde su corazon.
Los ríos hondos corren en silencio, lo arroyos son ruidosos.
Tarde en casar y malcasar, son a la par.
Calles y callejas tienen orejas.
Culpa no tiene quien hace lo que debe.
Hablar por la boca del ganso.
Los dolores irreparables harían el papel más ridículo si se dejaran consolar.
Cuando suena la almirez, las doce están al caer.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Prestar, paciencia; dar los buenos días; y fiar; en Dios.
No saber de la misa la media.
No es quejido, sino que jode.
Quitada la causa se quita el pecado.
Quien se quemare, que sople.
La gente asustada, no ve ni oye nada.
De ambos ha sido el acertar; tú al pedir, yo al no dar.
Quéjese de la muela aquel al que le duela.
De quien habla a tiento, disparates sin cuento.
La liebre que has de matar, cuesta abajo la has de echar.
La mala palabra, más que un guijarro descalabra.
Ruidosa corriente, no ahoga la gente.
A las suegras, oírles la misa y sacarles el cuerpo.
A Cristo prendieron en el huerto porque allí se estuvo quieto.
Quién escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quién tapa los oidos es como una rama al viento.
Mandadme pelear y no me mandéis aconsejar.
No cambio tu cacareo por tus huevos.
El que tenga hacienda, que la atienda o que la venda.