No pica la abeja a quien en paz la deja.
Juez que de la equidad es amigo, ese quiero yo para mi litigio.
Claridad, y no en el caldo.
Chancla que yo tiro, no la vuelvo a recoger.
A lo que no puede ser paciencia.
Es de sabios, cambiar de opinión.
El que no tiene nada que decir, suele hablar de más.
Maldiciones de putas viejas, no comprenden mis orejas.
¿Qué necesidad hay de dar los cuartos al pregonero?.
Tapar el pozo después de que el ternero se haya ahogado
Volverse humo.
Cae más rápido, un hablador que un cojo.
La mujer compuesta grita al marido de otra puerta.
Si quieres verte obedecer, manda poco y bien.
Entre amigos no hay cumplidos.
Hacerse de la vista gorda.
La blanda respuesta la ira quiebra, la dura la despierta.
El que se ajunta con perro a ladrar aprede.
Lo que remedio no tiene, olvidarlo es lo que se debe.
Mejor es resignarse que lamentarse.
Hablara yo para mañana.
Alegría amagada, candela apagada.
Culillo de mal asiento, no acaba cosa ninguna y emprende ciento.
Al terco, dale dos higas pero no lo contradigas.
Desbarata hasta un balín.
Hombre que habla campanudo es poco sesudo.
Cuanto más cerca estamos sentados, más regañamos.
El borriquito delante, para que no se espante.
Olvidar una deuda no la paga.
Mucho saber, menos ignorar es.
¿Qué entiende el Conde de calar melones?.
Jugar al abejón con alguien.
Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin quita y pon.
Dar a guardar las ovejas al lobo.
En casa de la mujer rica, ella manda y ella grita.
Prometer, prometer hasta meter, y una vez metido, nada de lo prometido.
La sabiduría viene de escuchar, de hablar el arrepentimiento.
A bien obrar, bien pagar.
Desde que se inventaron las excusas, se acabaron los pretextos.
Hacienda, que tu amo te atienda, y si no que te venda.
En dimes y diretes, mal harás si te metes.
Mirad vuestros duelos y dejad los ajenos.
Da órdenes, no hagas más y nadie se moverá.
Alguacil que no es sutil, no sirve para alguacil.
Cacarear y no poner huevos, cada día lo vemos.
No cortes el árbol que te da sombra.
Cuando el español canta, o está enfadado o poco le falta.
Jamás digas: nunca jamás.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
No hay nadie más sordo que quien no escucha los consejos de otro.