Dios le da legañas al que no tiene pestañas.
Caballo que tiene que ir a la guerra, no muere en el vientre de la yegua.
Ir a trocar y no tener que, a muchos suele acontecer.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Nadie da sino lo que tiene.
La muerte es flaca y no ha de poder conmigo.
Caballo alquilado, nunca cansado.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
Mala yerba, mucho crece.
A la gallina y a la mujer, le sobran nidos donde poner.
Beber en cada fuente, desvanece el vientre.
No hay tal razón como la del bastón.
Muerte deseada, vida prolongada.
Fui a palacio, llegué bestia y regresé asno.
Así se mete, como piojo en costura.
Si quieres criarte fino y hermoso, buen vino y mucho reposo.
Quien briega y se esmera, al fin se supera.
Los hijos cierran los oídos a los consejos y abren los ojos a los ejemplos. Fernando Monzón.
Donde esperáis la suerte, viene la muerte.
Salamanca, a unos sana y a otros manca y a todos deja sin blanca.
Juego de bolos no lo entienden todos.
Más camina un burro si va frente al pesebre.
Haz bien y no mires a quien.
De mala sangre, malas morcillas.
De buena vid planta la viña, y de buena madre, la hija.
Esta vida es un camote y el que no la goza es un chayote.
El que dice lo que no debe, oye lo que no quiere.
Dios te guarde de hombre que no habla y de can que no calla.
En enero, plante ajero; a finales, que no a primeros.
El que no arriesga nada lo arriesga todo.
El Rey reina, más no gobierna.
A cada uno le parece pesada su propia cruz.
Dos bueyes machos no viven en una misma cueva.
El que de nada sabe, de todo se unta.
Si la lengua erró, el corazón no.
Da y ten, y harás bien.
Con salud y dinero, hago cuanto quiero.
Al que le sobre el tiempo que se ponga a trabajar.
Los ojos brillan al patrón cuando encuentra un tontorrón.
Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hincho el papo.
Hijo de gata, ratones mata.
De tal árbol tal madera.
A fuerza de villano, hierro en mano.
A camino largo, paso corto. Para cansarse menos.
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
El terco que se empecina, al fin descubre la mina.
Habla cuando te hablen; acude cuando te llamen.
Yo que callo, bien en mis adentros hablo.
Amor de amos, agua en cestos.
La teta que es más chica que la mano, no es teta sino grano. e La tortilla y la mujer, se han de comer en caliente, pues si las dejas enfriar, ni el diablo les clava el diente.