Parecerse como un huevo a una castaña.
Nadie apalea a un perro muerto.
Por un moro que maté me pusieron matamoros.
Para mi cualquier petate es colchon.
De veinte a sesenta, cornamenta.
Tales son migas de añadido, como mujer de otro marido.
En noche oscura y sin vela "churrias y dolor de muelas".
Entre amigos honrados, cumplimentos dispensados.
El diablo solo tienta a aquel con quien ya cuenta.
Estreno de traje fino, preciso chorreón de vino.
Fingir locura, es a veces cordura.
A cautela, cautela y media.
Fía mucho, más no a muchos.
Más verga que el Trica programando.
El corazón es un guía que los pies siguen
Compra de quien heredó, y nunca al que lo sudó.
Costumbre mala, desterrarla.
El más feliz parto, tiene algo de "jarto".
El terco que se empecina, al fin descubre la mina.
Amigo de todos, loco con todos
Árame bien, que yo te lo pagaré mucho y bien.
De sabios es el poco afirmar y el mucho dudar.
Dame pan y llámame perro.
El buen mosto sale al rostro.
Quedar como novia de pueblo (vestida y alborotada).
Una lechuza, bienestar donde se posa y malestar donde canta.
En cabeza loca, ni se tiene, ni dura, ni para cosa.
De la naranja y la mujer, lo que ellas den.
Madre, ¿qué cosa es casar?. Hija: hilar, parir y llorar.
Ojo al parche.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
En carrera larga no se pisa base.
Con la mujer y el dinero no te burles, compañero.
No hay que buscarle tres patas al gato, sabiendo que tiene cuatro.
Los duelos con pan son menos.
El cornudo es el último que lo sabe.
Por amor a la rosa se soportan las espinas
El que para pobre está apuntao, igual le da estar de pie que sentao.
Una es la cuenta del borracho, y otra la del tabernero.
Ni amigo jugador, ni tahúr mal bebedor.
El que depende de la mesa de otro, con frecuencia cena tarde.
Acelgas al mediodía y a la noche acelgas, mal me andarán las piernas.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
A lo que manda Dios, oreja de liebre.
El suspiro de una joven se oye desde más lejos que el rugido de un león.
Caras vemos, corazones no sabemos.
Los ojos lo curiosean, y el corazón lo desea.
La lealtad se paga.
Mal largo, muerte al cabo.
¡Cómo subo, subo de pregonero a verdugo!.