La mujer maluca abajo tiene el azúcar.
El que tuvo, retuvo, y guardó para la vejez.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
A mal viento va esta parva.
Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
Que mis enemigos sean fuertes y bravos, para que yo no sienta remordimiento al derrotarlos.
Debo, no niego; pago, no tengo.
Dar lo que se tiene, a ninguno le conviene; tomar de lo de otros, a mí y a todos.
Debajo de la mata florida, está la culebra escondida.
Si hubieres menester a alguno, bésale en el culo, si él te hubiere menester, bésete él.
La variedad place a la voluntad.
Sospechar y temer, enemigos del placer.
La mona aunque se vista de seda, mona se queda.
Lo que a los pobres des prestado es y a buen interés.
Cuando soplan vientos de cambio, algunos constryen muros, otros molinos.
La curiosidad mató al gato.
Hombre hablador, nunca hacedor.
Jugar la última carta.
Contra las palabras llenas de ira nada mejor que una boca bien cerrada.
Zapatero a tus zapatos.
A la mala costumbre córtale las piernas para que no avance.
Vísteme despacio que tengo prisa.
Quien ha de pasar la barca no cuenta jornada.
Aceite y vino, bálsamo divino.
El asno solo en la muerte halla descanso.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
Llámame gorrión y échame trigo.
Trato es trato.
Hacerse el tonto es mejor que andar en coche.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Entre el león y el ratón no cabe comparación.
Cercón lleva la luna, mi amor se moja.
Variante: El pez que busca el anzuelo, busca su duelo, dice mi abuelo.
Quitósele el culo al cesto y acabóse el parentesco.
Muchas candelitas hacen un Cirio.
No compares el tocino con la velocidad.
Una manzana podrida daña el barril completo.
De la esperanza vive el cautivo.
Te va a atropellar un carrito de helados.
Juez de aldea quien quiera serlo, sea.
El hablar es plata y el callar es oro.
Cuenta tu pena a quien sabe de ella.
Hombre prevenido vale por dos y pareja desprevenida vale por tres.
Los perros mueven el rabo no tanto a ti como a tu pan.
Nace el pez para nadar, como el topo para minar.
La sardina y el huevo a dedo.
Pelillos a la mar y lo pasado olvidar.
La carne sobre el hueso relumbra como un espejo.
En noche oscura y sin vela "churrias y dolor de muelas".
El hábito no hace al monje, ni la venera al noble.