Ni bebas sin ver, ni firmes sin leer.
Es preferible ser dueño de un peso que esclavo de dos.
Algún día cogerá la zorra cabrito.
El pan sin ojos, y el queso con ellos.
El vino de cepas viejas calienta hasta las orejas.
Ver para creer.
Sin harina no se camina.
El que algo quiere, algo le cuesta.
El arma es enemiga de su dueño.
Hasta que a la meta no llegues, no te pongas los laureles. e Hasta que el cuerpo aguante.
Hombre anciano, juicio sano.
Cada gusto cuesta un susto.
Cochino que tuerce la cola, no pone huevos.
No expongas a tu amigo a las iras de tu enemigo
Amigos pobres, amigos olvidados
Donde castañas se asaron, cenizas quedaron.
Colorín colorado el cuento esta acabado.
A gran hambre no hay pan malo, ni duro ni bazo.
Hay muchos diablos de un mismo pelaje.
Tu que no puedes, llévame a cuestas.
Bonitas palabras al más listo engañan.
El desorden almuerza con la abundancia, come con la pobreza y cena con la miseria.
Arma de Dios es Cristo.
Lo ajeno más que lo propio parece bueno.
No hay hacienda mejor hecha que la que uno hace por su mano.
Da generosamente sin esperar nada a cambio. Así nunca te decepcionarás y hallarás a menudo agradables sorpresas.
Una tormenta de arena pasa; las estrellas permanecen.
Hasta al más superdotado, le sale un hijo tarado.
Según hagas tu cama, así dormirás.
Un huésped constante nunca es bienvenido.
La modestia es patrimonio de los pendejos.
Donde no puede meter la cabeza el diablo mete el rabo.
La lengua, aunque no tiene huesos los quiebra.
Guerra avisada no mata soldado, y si lo mata, es por descuidado.
Nunca te cierres la puerta, que el mundo da muchas vueltas.
La fortuna enloquece a lo mismos que favorece.
Carne que se lleva el gato, no vuelve al plato.
Huir ciando es menester, con honra se puede hacer.
El que tarda en dar lo que promete, de lo prometido se arrepiente.
Lo que de noche se hace, de día se ve.
Encontrar demasiados defectos significa diluir una amistad
De esta capa nadie se escapa.
El que ha derramado sus gachas de avena no puede recogerlas todas
Camisa y toca negra no sacan al ánima de pena.
Ninguna maravilla dura más de tres días.
Entre contar y cantar, lo primero has de procurar.
Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta.
Que tienen que ver los cojones para comer trigo.
Nada se puede esperar de quien no tiene hogar.
Cada día verás quien peque y pague.