El que de refranes se fía, no llega bien al mediodía.
Maestre por maestre, seálo éste.
A tal puta, tal rufián.
A caracoles picantes, vino abundante.
Más vale sardina en plato, que una sirena en retrato.
El viejo pone la viña y el mozo la vendimia.
Por el humo se sabe donde está el fuego.
El camino hacia el cielo pasa por una tetera.
Las cosas de palacio van despacio.
Quien ahorra una peseta cuando puede, tiene un duro cuando quiere.
La cabeza blanca y el seso por venir.
Arroz pasado, arroz tirado.
A los audaces la fortuna les ayuda.
Echar por el atajo no siempre ahorra trabajo.
Después de muerto Juan, saca el orinal.
Quien dijo miedo, detrás de un palo.
Oveja duenda, mama a su madre y a la ajena.
A buey viejo, cencerro nuevo.
Barriga llena, no cree en hambre ajena.
Fortuna y ocasion, favorecen al osado corazón.
De cerro a cerro una cañada, y de cero a cero no va nada.
Palabras y plumas el viento las tumba.
Aguardiente, en tienda; y vino en taberna.
Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha.
Cantad al asno y soltará viento.
Lo malo, a quien lo apetece, bueno y justo le parece.
El que pide lo justo, recibe migajas.
En las caricias de otoño, se empieza en la cara y se acaba en el coño.
Septiembre frutero, alegre, festero.
Llámome carrasco y donde me pica me arrasco.
Donde hay nobleza, hay largueza.
Pasito a pasito, se va muy lejitos.
Ida por ida, ir por ir, más vale a la taberna que a la botica.
Algo se pesca_ Y llevaba una rana en la cesta.
En buena casa, mal inquilino.
Mear sin peer, rara vez.
Ocio, ni para descansar.
Hay cabalgadura que le viene grande su herradura.
El maíz que se coge en esa tierra se puede dejar pilar en el culo de una aguja de arria.
El que pega primero pega dos veces.
Agua coge con harnero, quien se cree de ligero.
Alábate cesto, que venderte quiero.
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
Palabras blandas te pondrán en andas.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
Pedir las perlas de la virgen.
En marrano y en mujer, más vale acertar que escoger.
Dejadle correr, que él parará.
Seguido, seguido, hasta que pase el dolor.
A la tercera va la vencida y a la cuarta la jodida.