A lo hecho, pecho.
A la Virgen, salves; a los Cristos, credos; pero a los cuartos quedos.
Muerte, no te me Achégate, que estoy temblando de miedo.
Mente pura e intención pura otorgan visión clara, sabiduría y profundidad de comprensión.
Trabajar es virtud; pero trabaja tú.
¡A la mierda! (Fernando Fernan Gomez).
Encontrar al perro en la olla
Jóvenes a la obra, viejos a la tumba! Manuel
Por las cuentas del rosario, puede subir al pecho el diablo.
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
A quien espera, su bien llega.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
Darle a uno mala espina.
Quien ríe y canta su mal espanta
¿Me guardas un secreto, amigo?; mejor me lo guardas si no te lo digo.
Ansias de grandeza y amistad no están nunca en sociedad
Entre los extremos de cobarde y de temerario está el medio de la valentía.
Una respuesta amable mitiga la ira.
Confesión espontánea, indulgencia plena.
A padre avaro, hijo pródigo.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
Vigila tus pensamientos pues se convertirán en palabras.
Guárdate de hombre que no habla, y de perro que no ladra.
Un ojo al gato y otro al garabato.
A mucho amor, mucho perdón.
Juego de manos, rompedero de ano.
El diecisiete de enero piden por sus animales desde el pastor al yuntero.
No gastés pólvora en chimancos.
Al amo comerle y no verle.
Compañía del ahorcado: ir con él y dejarle colgado.
Amor de dos, amor de Dios.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
Dinero guardado, barco amarrado.
De amigo reconciliado y de fraile colorado, guárdate con cuidado.
Obra con amores y no con buenas razones.
Odios de mortales no deben ser inmortales.
Al galán y la dama, el diablo los inflama, y la ocasión le hace la cama.
Ya ni en la paz de los sepulcros creo.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
Cojo con miedo, corre ligero.
A quien se hace puntal los perros le orinan en el cuello.
Se defiende como gato panza arriba.
Aquí morirá Sansón y cuantos con él son.
A confesión de parte relevo de prueba.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
Juventud que vela y vejez que duerme, señal de muerte.
Afortunado en el juego, desafortunado en amores.
A tal amo tal criado.
El que sonríe en vez de enfurecerse es siempre el más fuerte.