Bebe vino manchego y te pondrá como nuevo.
El vino y la verdad, sin aguar.
Los vicios no necesitan maestro.
El sabio es menospreciado y el necio rico estimado.
La fantasía es la loca de la casa
Más vale "alli corrió", que "alli murió".
Aquella es bien casada, que no tiene suegra ni cuñada.
Al que le venga el guante que se lo calce.
Demasiada alegría es dolorosa
Dios castiga, pero no ha palo.
Perro que ladra, guarda la casa.
El amor primero es el único verdadero.
Botellita de Jerez, todo lo que me digas será al revés.
Perdona una vez; pero nunca tres.
Hay quien no ve su camino.
Las cosas más importantes de la vida no son cosas.
Cara de beato y uñas de gato.
Entre la santa y el santo, paredes de cal y canto.
Lo que al jefe le gusta no siempre es lo que a la juventud le gusta.
Alcalde de aldea, yo no lo sea.
Al fuego porque se apaga, al fraile porque se inflama.
Si tú entiendes, las cosas son como son; si tú no entiendes, las cosas son tal como son.
El dinero es igual al estiércol, solo sirve para estar esparcido.
Dijo el escarabajo a sus hijos: venid acá mis flores.
A abril alabo, si no vuelve el rabo.
A caballo corredor y hombre reñidor poco le dura el honor.
Muchos son los llamadas y pocos los escogidos.
Al comer chorizos, llaman buenos oficios.
Invierno bueno pasarás si cerdo, grande o chico, matarás.
El alcalde de mi pueblo, ¡qué burro tiene que ser!, para mandar en nosotros, que semos más burros que él.
Ama y serás amado: teme a Dios y serás honrado.
Consejo no pedido, consejo mal oído.
Más ordinario que una vaca con pedal.
Dios perdona siempre, los humanos a veces, la naturaleza nunca.
¡Que tres, si fueran cuatro, para pies de un banco!.
Cuando habla uno solo, todos escuchan, pero si hablan todos a la vez ¿quién escucha? Proverbio abisinio.
Campo florido, campo perdido.
La persona que se conoce a sí mismo, será invencible.
Alabar y callar para medrar.
Más vale ser desconfiado, que amanecer engañado.
Hay ropa tendida.
Tu que no puedes, llévame a cuestas.
Un buen día vale por un mal mes
Tanto tiempo en el campo y no conoces el matojo.
Quien mucho abarca, poco aprieta.
Del ahogado, el sombrero.
Te casaste, te frego.
Por San Raimundo, viene la golondrina del otro mundo.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Miércoles de ceniza, que triste vienes, con 46 días que traes de viernes.