Corazón codicioso, no tiene reposo.
Palabras melosas, siempre engañosas.
La cerda vistiendo seda, igual de marrana queda.
El aprender es amargura; el fruto es dulzura.
Amar a todos, temer a Dios tan solo.
Abril, siempre fue vil.
Buena cara dice buen alma.
Árbol que fruto no da, solo es bueno para el llorar.
Campo bien regado, campo preñado.
Hermosura de hembra, mil desazones siembra.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
La puerta de Dios siempre está de par en par.
El otoño verdadero, por San Miguel el primer aguacero.
Ajo que salta del mortero, ya no lo quiero.
El que bien ama, tarde olvida.
El melón en ayunas es oro; al mediodía, plata; y por la noche, mata.
Gran corsario es el tiempo, siempre llevando, siempre trayendo.
Gota a gota, la mar se agota.
Castiga a los que te envidian haciéndoles el bien.
Día vendrá que tenga peras mi peral.
Al miedo plata; y al amor cariño.
Amor, tos y fuego, descúbrense luego.
Amistades que del vino se hacen, al dormir la mona se deshacen.
Pesar ajeno, no quita el sueño.
Dice Salomón: da vino a los que tienen amargo el corazón.
Cerca le anda, el humo tras la llama.
Buen compañero, solo Dios del cielo.
Al año caro, armero espeso y cedazo claro.
Las letras y la virtud, mocedad y senitud.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Los nabos en adviento, y las cerezas en habiendo.
El comedido sale jodido.
Aguarraditas de Abril, unas ir y otras venir.
El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
No es de bravo señal buena, toro que escarba en la arena.
Agua de Agosto, azafrán, miel y mosto.
Al hombre harto, las cerezas le amargan.
Busca arrepentimiento, el que busca casamiento.
Jugar al abejón con alguien.
El amor, unas veces soñador y otras volador.
Amor y viento, uno se va y vienen ciento.
Da un dátil al pobre y disfrutarás de su verdadero sabor
Haz el bien y olvídalo.
Por el alabado dejé el conocido y vime arrepentido.
Para amigo, cualquiera; para enemigo, quien quiera.
Sin plumas y cacareando, como el gallo de Morón.
Valiente es el ladrón que lleva una lámpara en su mano.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
Todo día tiene su noche, toda alegría tiene su pesar.
Amaos los unos a los otros, como la vaca ama a su ternero.