Ni de malva buen vencejo, ni de estiércol buen olor, ni de puta buen amor.
Dios acude siempre.
Buena, por ventura; mala, por natura.
Buen amor y buena muerte, no hay mejor suerte.
La admiración alaba, el amor es mudo
Humildad y fiereza, todo en una pieza.
Si se pierde enero, búscalo por la flor del almendro.
Predícame, cura, predícame, fraile, que por un oído me entra y por el otro me sale.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Estoy como la tamalera, que me va más, que me va mal; pero como del tamal.
Tres cosas matan al hombre: soles, cenas y penas.
Nuestras buenas y nuestras malas acciones nos siguen casi como una sombra.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
La hermosura, revuelta, mas la fea, ni compuesta.
Andando, andando que la Virgen te va ayudando.
Fe y verdad, en el cielo se sabrá.
A Dios y a su altar, lo mejor has de dar.
A ti te digo hija, para que entienda la hijastra.
El que bien ama, tarde olvida.
Inteligencia y belleza: gran rareza.
Alacena de dos llaves, la una entra cuando la otra sale.
Fraile que pide por Dios, pide para dos.
La vida es grata, a quien bien la acata.
Si guardo una ramita en mi corazón, el pájaro cantor vendrá hacia mí.
Jóvenes a la obra, viejos a la tumba! Manuel
Alegría no comunicada, alegría malograda.
Ama, perdona y olvida.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Hay una gran fuerza escondida en una dulce orden.
Como la espada, así la vaina.
Hay algo más en ello que un arenque vacío
El árbol con fronda amiga, buena sombra nos prodiga.
Una madre de su hijo nunca se muerde hasta el hueso.
Aguja en pajar, mala es de hallar.
A mala leña un buen brazado.
La fortuna, a los necios ama y a los sabios desama.
Al amo comerle y no verle.
A la mujer parida y a tela urdida, nunca le falta guarida.
Coja o tuerta, la que está junto a tu puerta.
Bien reza, quien en servir a Dios piensa.
Artero, artero, más non buen caballero.
La mujer buena, de la casa vacía hace llena.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
Labor de Mencia, murmurar de noche y holgar de día.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
El olmo tiene bellas ramas, pero no da fruto.
A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión.
Cuando el andaluz canta, una pena tiene en la garganta.
Írsele a uno el santo al cielo.
Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Proverbios 3:1-2