Por San Simón y San Judas, la habas son orejudas.
Buitres y milanos, primos hermanos.
Somos lo que hacemos, sobretodo lo que hacemos para cambiar lo que somos.
Algo tendrá el matrimonio, cuando necesita bendición de cura.
De hombres es errar y de bestias porfiar.
Entre padres y hermanos no metas tus manos.
Bollo de monja, costal de trigo.
Todos somos parte de una prodigiosa unidad
Amistad de hombres leales, solo perdura entre iguales.
Viejos los cerros y reverdecen
No hay puta ni ladrón que no tenga su devoción.
A quien reparte sus bienes antes de la muerte, agarra una estaca y pégale en la cabeza.
Abájanse los adarves y álzanse los muladares.
Hijos antes de casamiento, traen gran sufrimiento.
A buen capellán, mejor sacristán.
Manden unos, manden otros, los tontos siempre nosotros.
Creer a pie juntillas.
De los sufridos se hacen los atrevidos.
No enciendas un fuego falso frente a un dios verdadero
En arca abierta, el justo peca.
El hombre propone y Dios dispone.
Yo como tu y tu como yo, el diablo nos junto.
Más vale dejar a los enemigos que pedir a los amigos.
El camino del Señor es refugio de los justos y ruina de los malhechores.
Quien predica en desierto pierde el sermón, y quien lava la cabeza del asno pierde el jabón.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Los casados, casa quieren.
Quien carece de camisa, no está obligado a ir a misa.
La alegría es don de Dios y bondad del corazón.
El ahorro es santo porque hace milagros.
A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos.
Quien tiene el estómago lleno, dice: ayunemos.
Mata, que Dios perdona.
Líbrame Dios del agua brava, que de la mansa me cuido yo.
Trabajo hecho en domingo, el diablo se lo lleva.
Cada cual en su corral.
Las armas las cargan el diablo.
Dos capitanes hunden la nave.
Busca arrepentimiento, el que busca casamiento.
Al comprar caballos y al tomar mujer cierra los ojos y encomiéndate al Señor
Por sus hechos los conoceréis.
El creído majadero, pierde más que el consejero.
Los ladrones y los nabos no quieren ser ralos.
Hablar hasta por los codos.
Quien en vida echa maldiciones, en la muerte no reza oraciones.
Aquí paz y en el cielo gloria.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
A cada santo le llega su día.
Si dios no perdonase, su paraíso estaría vacío.
Días de mucho vísperas de ayuno.