Lo ajeno más que lo propio parece bueno.
Que bien va la Virgen y los cucuruchos bien clavados.
De Gumiel, ni ella ni él; y si es de Izán, ni aún el pan.
La verdadera grandeza no renuncia a la amabilidad.
Quien se ausenta, es un muerto en exequias.
No necesito tecomates para nadar.
Que Dios me libre de los listos, que de los tonto ya me libro yo
Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después.
De donde vino el asno vendrá la albarda.
A buen santo te encomiendas.
Abad, judío y madona, jamás perdonan.
El malo para mal hacer, achaques no ha menester.
Dios da pañuelo al que no tiene narices.
Coge una abeja amablemente y aprenderás las limitaciones de la amabilidad.
El fatuo y el ignorante, se denuncian al instante.
Cuatro cosas tenemos en mayor cantidad de lo que creemos: enemigos, deudas, años y pecados.
El beneficio no se encuentra en los hechos, sino en las intenciones
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
Amor de dos, amor de Dios.
Odia el pecado y compadece al pecador.
El que planta árboles, ama a los otros además de a sí mismo.
Un asno no aprecia compota de frutas.
Si haces mal, pecado mortal; pero si haces bien, pecado también.
A los buenos, Dios se los lleva; y a los malos aquí se quedan.
A burlas, burlas agudas.
Más mató la cena que sanó Avicena.
Bueno es tener amigos, aunque sea en el infierno.
Injurias y blasfemias, por donde salen entran.
Dar santo y bueno, pero del pan del ajeno.
Si se ama una cosa y se la ve con los ojos del corazón, se olvidará su fealdad
En arca abierta, el justo peca.
Ratones nos dé Dios, y gatos nos los daremos.
El árbol no niega su sombra ni al leñador.
Quien no arde en llamas no inflama
Las uñas de gato y hábitos de beato.
Gloria mundana es gloria vana.
Dios tarda, pero no olvida.
Buen abogado, mal cristiano.
Hablando a largo plazo muertos estamos todos.
Bien ama quien nunca olvida.
La humanidad se divide en tres clases: los inamovibles, los móviles y los que se mueven.
Adulador; él es tu enemigo peor.
Quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda.
Por creer en los espantos, se quedó para vestir santos.
Aunque uno esté dormido, no deja de amanecer.
De cintura para arriba todos santos, y de cintura para abajo todos diablos.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
No todos los que van a la iglesia son santos
Quien no tiene quiere más.