El viejo el hipo para morir, el niño el hipo para vivir.
Clérigos, frailes y pardales, son malas aves.
Quien bien te hará, o se te irá o se te morirá.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
Pedir las perlas de la virgen.
Quien sabe, sabe.
Quien trabaja por sí mismo trabaja por tres
En casa del que jura, no faltará desventura.
Con lo que Juan mejora, Pedro empeora.
Viendo trabajar al maestro, se aprende el oficio presto.
Beber por lo ancho y dar de beber por lo estrecho.
A cada pajarillo agrada su nidillo.
Como el gallo de tía Cleta: pelón, pero cantador.
De Navidad a San Juan, año cabal.
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
Jugarse hasta la camisa.
Al que le sobre el tiempo, que me lo preste.
Come leite e bebe viño, e de vello serás mociño. Come leche y bebe vino y de viejo estarás como un niño.
En tiempo de campaña, apaña.
En caso de duda, la más tetuda.
A fuer de Portugal: dos animales sobre un animal.
Quien mucho da mucho recibe.
De todos los santos a adviento, mucha lluvia y poco viento.
Cuando Dios dio púas al erizo, bien supo lo que hizo.
Que tires para abajo, que tires para arriba, siempre se hara lo que tu mujer diga.
A gran calva, gran pedrada.
Mas vale tierra en cuerpo que cuerpo en tierra.
El que bien ama, tarde olvida.
Cabeza con seso pa'los preguntones que comen d'eso.
Ve con tu amigo hasta las puertas del infierno. Pero no entres
Cuando el vil está rico, no tiene pariente.
Por hacer rico a mi yerno, me fui al infierno.
¿Fiaste?. ¡La cagaste!.
Más vale ir harto a misa, que ayuno a vísperas.
A la cena y a la cama, solo una vez se llama.
El que tenga tienda, que la atienda.
El amor de la mujer, en la ropa del marido se echa a ver.
Antes de meter, prometer.
El verano es la madre de los pobres
Hable el sabio y escuche el discreto.
El que asierre yarumos, que aguante las hormigas.
Palos por que bogas, palos por que no bogas.
Joven madrugador, viejo trasnochador.
Agrada y te agradarán.
Muchachada discretas, no muestran las tetas.
Mira la peseta y tira el duro.
Hacer de su capa un sayo.
Primero fui yo puta que tu rufián.
La mujer rogada y la olla reposada.
Un hombre debería hacernos la vida y la naturaleza más agradables; si no no hacía falta que naciese