Ya saliste con el chancho al hombro.
Santo Tomé, ver y creer.
Ancho de espaldas y estrecho de culo, maricón seguro.
A casa vieja, portada nueva.
Por unas saludes, no te desnudes.
Casa no hará, quien hijos no ha.
Todos los hijos de puta tienen suerte.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
Por San Antón, la gallina pon.
Al desganado, darle ajos.
La suegra, ni aún de azúcar es buena.
Abril llovedero, llena el granero.
Alábate, polla, que has puesto un huevo, y ese, huero.
Socorro tardío, socorro baldío.
Cada palito tiene su humito.
Más quiero cardos en paz, que no salsa de agraz.
El uso hace diestro, y la destreza maestro.
Enero mes torrendero.
Si quieres buenas sementeras, por San Mateo siembra las primeras.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
No hay mejor espejo que el amigo viejo.
Dineros me dé Dios; que con mi poco saber me aviaré yo.
Mal largo, muerte al cabo.
Bien se está San Pedro en Roma, aunque no coma.
El que da lo que tiene, a pedir se queda o, a pedir se enseña.
Ingenuo y muy majadero, quien da la llave al ratero.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
De boca para fuera.
Mucho Madruga el que una cartera que encontró; pero más Madruga el que la perdió.
Quien se casa viejo, o pierde la honra o pierde el pellejo.
Peixe con ollos, á caixa. Pez con ojos, a la caja.
A veces el amor perfecto llega con el primer nieto.
Mujer casada, casa quiere.
Bueno es pan, y mejor, con algo que agregar.
Suprema Justicia, suprema injusticia,.
Ser el último orejón del tarro.
Amigo traidorcillo, más hiere que un cuchillo.
Tiempo pasado traído a la memoria, da más pena que gloria.
Bocado comido no guarda amigo.
Un coloño bien atao, evita dos mandaos.
Peor es la moza de casar que de criar.
No hay sábado sin sol, ni mocita sin amor, ni viejo sin dolor.
Ave por ave, el carnero si volare.
Viento del solano, agua en la mano.
En casa del carpintero, zuecos de hierro.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Por los Santos, siembra trigo y siembra cardo.
El avaro se roba a sí mismo. El pródigo, a sus herederos.
En vida de matrimonio, ni soso ni salado.