La cana engaña, el diente miente pero arrastrar los pies eso si que es vejez.
No acortes el paso, no aflojes ni desmayes.
Por hacer rico a mi yerno, me fui al infierno.
Nadie se alabe hasta que acabe.
Patada de yegua no mata caballo.
El peligro que no se teme, más presto viene.
Juntársele a alguien el cielo con la tierra.
La mujer gentil, de un pedo apaga el candil.
Del monte sale, con que se arde.
En cojera de perro y en lágrimas de mujer, no has de creer.
No merma el daño el ser muchos a llorarlo.
La primavera la sangre altera.
Mi mujer ha malparido, trabajo perdido.
El que se apura, poco dura.
Tal hay que se quiebra los dos ojos porque su enemigo se quiebre uno.
Casa que cierra sus portones casa que se llena de ratones.
Durmió conmigo anoche o qué, que ya no saluda.
Tienen los que pobres son la desgracia del cabrito: o morir llegar a ser cabrón.
El burro cayendo y el amo perdiendo, los dos se van entendiendo.
Dar al olvido.
Adonde hay más. Adonde no está su dueño, allí está su duelo.
La pérdida de un amigo, es la mayor pérdida.
Amor, pocas veces da placer, y muchísimas dolor.
Nadie quiere la salud más que el paso.
O la bebes o la derramas.
Al viejo recién casado, rechazarle por finado.
De la risa al duelo un pelo.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
Tanto da el agua en la piedra que la quiebra.
A árbol caído, todo son piedras.
Abad, judío y madona, jamás perdonan.
Ruéganla que se pea, y cágase.
Si el cuquillo no ha venido el 25 de abril, o se ha muerto, o lo han matado, o es que no quiere venir.
Hembra cobarde se casa mal y tarde.
La fe mueve montañas.
La sangre, pesa más que el agua.
Mierda que no ahoga, todo engorda.
El agraviado, nunca desmemoriado.
La necesidad no dice adiós, sino hasta luego.
En viernes ni en martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu viña podes, ni tu ropa tajes.
La enfermedad y el anciano, siempre de la mano.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
Sal a la puerta y dila puta tuerta.
No hay sábado sin sol, ni mocita sin amor, ni viejo sin dolor.
Hay que sonreír antes de ser felices, a menos que se quiera morir sin haber sonreído nunca
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
Los tres enemigos del hombre: suegra, cuñada y mujer.
Toda demasía enfada y hastía.
La lengua rompe huesos aunque ella no los tenga.