Cierra tu puerta y alaba a tus vecinos.
El cordero manso mama a su madre y a cualquiera; el bravo ni a la suya ni a la ajena.
A buen salvo está el que repica.
Amor, El de asnos hace sabios, y de sabios hace asnos.
Llorando nacen todos, riendo ni uno solo.
Amaos los unos a los otros, como la vaca ama a su ternero.
Cada uno canta como quiere.
De hombres bien nacidos es ser agradecidos.
Mi marido va a la mar, chirlos mirlos va a buscar.
Cada cual decía del amor que tenía.
Magra olla y gordo testamento.
Desee bien, sea bueno.
Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
Moza de mesón, no duerme sueño con sazón.
Al roble no le dobles.
Quien mucho da mucho recibe.
Agua beba quien vino no tenga.
Ayer era una flor, hoy solo es un sueño
Dar a la tierra el grano, para que retorne la mazorca.
Mal te quiere quien con lisonjas te viene.
Por Navidad, dichoso el que ve su hogar.
Afanes y refranes, herencia de segadores y gañanes.
Un hombre no vaga lejos de donde se está asando su maíz.
El que solo se ríe, de sus maldades se acuerda.
A creer se va a la iglesia.
Jáquima puesta , entiéndese vendida con la bestia.
Vino, amigo y aceite, cuanto más antiguo más ferviente.
A quien das de yantar, no te duela dar de almorzar.
Por su facha y alharaca, el nuevo rico se saca.
La respuesta más rápida es la acción.
A barba, ni tapia, ni zarza.
Hombre chiquitín, embustero y bailarín.
Ahorrar y más ahorra, que contigo vive quien lo ha de gastar.
A caballo corredor y hombre reñidor poco le dura el honor.
El amor y los celos, hermanos gemelos.
Ocasión que se pasó, pájaro que voló.
En cada tiempo, su tiento.
Amigo sin dinero, eso quiero; que dinero sin amigo, a veces no vale un higo.
Hija, ni mala seas, ni hagas las semejas.
El que quiere mentir, alarga los testigos.
Atender y entender para aprender.
El silencio es el muro que rodea la sabiduría.
Mano de santo cura como por encanto.
Reino dividido, reino perdido.
El Dios (el hombre divino) está siempre en los éxitos, y el hombre (terreno) en sus fracasos.
Hombre chico, pensamientos grandes.
Metí gallo en mi gallinero, hízose mi hijo y mi heredero.
Besóme el colmenero y a miel me supo el beso.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
Sufra quien penas tiene, que tiempo tras tiempo viene.