De la mar, el salmón; de la tierra, el jamón.
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
El diablo no sabe por diablo, sino por viejo.
Vino, amigo y aceite, cuanto más antiguo más ferviente.
El que come y deja, dos veces pone la mesa.
El vino por el color, el pan por el olor y todo por el sabor.
Quien hace un cesto hace cien.
Para prosperar, madrugar.
El tiempo todo lo cura y todo lo muda.
Consejo de padre, guárdelo el hijo con siete llaves.
Al que quiera saber, mentiras a él.
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
La pisada del amo, el mejor abono.
Vomitar las tripas y quedar de perlas.
Potros que de feria en feria van, cada día menos valdrán.
A caballo grande, grandes espuelas.
El que no enseña no vende.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
No confíes del peón que tiene las manos finas.
A ave de paso, cañazo.
Meter aguja y sacar reja.
Fraile que pide por Dios, pide para dos.
Llámame tío, pero no cuentes con nada mío.
Al loco y al fraile, aire.
Ni fíes mujer a fraile, ni barajes con alcalde.
De donde no hay no se puede sacar.
Dame pan y llámame perro.
Dale con que va a llover.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Ocasión llegada presto agárrala.
Con remiendo del mismo paño echaras atrás el año.
Las muchachas en la fuente, tornar a casa no tienen en la mente.
Al engaño, con engaño.
Mal te quiere quien con lisonjas te viene.
Parientes y señor, sin ellos se está mejor.
Por andar recosechando otras milpas, cosechan las tuyas.
Hablando nos entendemos.
A hombre desgarbado, dale de lado.
El que no tiene quehacer desbarata su casa y la vuelve a hacer.
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
Presto se va el cordero como el carnero.
Quien hace leña en ruin lugar, a cuestas la ha de sacar.
Más vale un mal acuerdo que un pleito.
Domingo sucio, semana puerca.
Las indirectas del padre Cobos.
El fraile predicaba que no debía hurtar y él tenía en el cepillo el ánsar.
Agua, como buey; y el vino, como rey.
A quien das de yantar, no te duela dar de almorzar.