Domingo de Ramos, el que no estrena no tiene manos.
Aguantando regañinas, se aprenden las artes finas.
Hasta las rosas más finas, también tienen sus espinas.
A hombre hablador e indiscreto no confíes tu secreto.
No confíes a otro lo que puedas hacer por ti mismo.
Para el mal peón, no hay buen azadón.
Las manos ociosas conducen a la pobreza; las manos hábiles atraen riquezas.
En el ajedrez, el Rey y el Peón van siempre al mismo cajón.
Contra peón hecho dama, no para pieza en tabla.
Manos que trabajan, no son manos, sino alhajas.
Una vez terminado el juego el rey y el peón vuelven a la misma caja.
Sé justo con todos, pero no confíes en todos.