Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
El mejor premio es merecerlo.
Te casaste, te frego.
El barbecho de enero hace a su amo caballero.
Más perdido que perro en misa.
Alquimia muy probada es la lengua refrenada.
Jugando a las verdades, descúbrense las puridades.
A burra vieja, albarda nueva.
Estar como las putas en cuaresma.
Cambiar de opinión es de sabios.
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
Vergüenza y virgo perdidos, por siempre idos.
Cada dueño tiene su sueño.
Chico pueblo, grande infierno.
Que tengas calor en tu iglú, petróleo en tu lámpara y paz en tu corazón.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
Cruz a su ermita y el cura a su misita.
La morena, de azul llena.
Ratón que no sabe más que un horado, presto es cazado.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
Un grito a tiempo vale más que cien indios a caballo.
Pedir las perlas de la virgen.
Bebe agua de río por turbia que vaya, vive en la ciudad por mal que te vaya.
Suprema Justicia, suprema injusticia,.
Abogadito nuevo, perdido el pleito.
Bollo de monja, costal de trigo.
Dios te guarde de hombre que no habla y de can que no calla.
Haré, haré, más vale un toma que dos te daré.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
Arco iris al amanecer, agua antes del anochecer.
La fortuna menos la encuentra quien más la busca.
Tarde en casar y malcasar, son a la par.
Ni caballo patiblanco, ni tierra falduda.
Bailar la pieza más larga con la moza más fea.
Quien anda con lobos a aullar aprende.
Para rehusar curarte, te pide cuernos de perro.
La que da beso da d'eso.
Dios castiga sin dar voces.
Renegad de hombre, que le hace ruido hasta el nombre.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
El que vive de ilusiones muere de desengaños.
Al mejor cazador se le escapa la liebre.
Campo florido, campo perdido.
Cuando se pelean las comadres, salen a relucir las verdades.
Es ley la que quiere el rey.
Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.
A lo que has de negarte, niégate cuanto antes.
Mal se conciertan dos pobres en una puerta.
Hacerse el de la oreja mocha.
Cuesta arriba o cuesta abajo, echa siempre por el atajo.