Más sabe quien mucho anda que quien mucho vive.
Reniega del amigo que se come lo tuyo contigo y lleva lo suyo consigo.
Ni quito ni pongo rey.
Lo prestado, ni agradecido ni pagado.
Bien ama quien nunca olvida.
Casa oscura, candela cuesta.
Zúñeme esta oreja; mal está diciendo de mí alguna puta vieja.
Lo fiado es pariente de lo dado.
Amigo leal y franco, mirlo blanco.
En casa mal gobernada, más vale plaza cara que despensa abastada.
Cuando el daño está hecho todos saben aconsejarte
Desvestir un santo para vestir otro.
Agrandado como alpargata de pichi.
El que paga a lo primero, pierde a lo postrero.
Amigo que no da, poco me importa ya.
De cornudo o de asombrado, pocos han escapado.
Solterón y cuarentón, ¡que suerte tienes ladrón!
A enfermo, niño o anciano, hay que tenderles la mano.
Criado y caballo, un año.
A los 60 pocos hombres conservan su herramienta, y es por regla general, que desde los 50 anda mal.
Sigue la senda, aunque dé rodeos; sigue al jefe, aunque sea viejo.
Consejos y muertos, se sabe su valor cuando pasó su tiempo.
Al mal paso, darle prisa.
Ya has contado las hazañas de tus abuelos; cuenta ahora las tuyas, y nos reiremos.
El hombre honrado a las diez acostado.
Palabra dada, palabra sagrada.
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
El que corre mucho, atrás se halla.
El que bien lo sabe, pronto lo reza.
Al buen amigo lo prueba el peligro.
El que afloja tiene de indio.
Quien un mal habito adquiere, esclavo de el vive y muere.
Hombre de buen trato, a todos es grato.
Por San Martín, trompos al camino.
En casa del ruin, la mujer es alguacil.
Más ordinario que un sapo en un acuario.
Ya se murió el emprestar, que le mató el malpagar.
Adulador, engañador, y al cabo, traidor.
Día de agua, taberna o fragua.
Aquéllos que llegan antes al río encuentran el agua más limpia.
Lo mejor es enemigo de lo bueno.
Más vale llegar a tiempo que rondar cien años.
El día nunca retrocede de nuevo.
El bien que se venga a pesar de Menga, y si se viene el mal, sea para la manceba del abad.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
Barba remojada, medio afeitada.
Del avaro un solo bien se espera: que se muera.
No es mal sastre el que conoce el paño.
Por San Simón y San Judas, la habas son orejudas.