El amor nunca hizo ningún cobarde.
Una alcachofa se pela hoja por hoja.
La mujer hacendosa es la más hermosa.
El que se fue a Barranco perdió su banco!
Carga que place, bien se trae.
Dios da barbas, al que no tiene quijada.
No hay mal dicho si no malas interpretaciones.
Las dichas enviadas por Dios no despiertan al que duerme.
Malo si izan, y malo, si no izan.
Del ahogado, el sombrero.
Si la moza es tosca, bien ve ella la mosca.
A la fortuna, por los cuernos.
Cuando el vino entra, echa el secreto afuera.
Oficial diestro, pronto se hace maestro.
La mejor bellota es para el peor marrano.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
Criada trabajadora hace perezosa a la señora.
La comprensión siempre llega más tarde.
Solterón y cuarentón, ¡que suerte tienes ladrón!
Buenas palabras no cuestan cobre y valen más que plata.
Cuesta arriba o cuesta abajo, echa siempre por el atajo.
Siembra por San Lorenzo los nabos, y llenarás el carro.
Machacando, machacando, el herrero va afinando.
Si al mediodia el rey dice que es de noche, tú contempla las estrellas.
Lo barato cuesta caro
El pez muere por su propia boca.
Sabe agradecer la honra a quien te la hace y dona.
La sal y los consejos solo se dan a quien los pide
A caballo que se empaca, dale estaca.
Palos con gusto no duelen.
No hay peor sordo, que quien no quiere oír, ni peor ciego, que quien no quiere ver.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
Quien rompe una tela de araña a ella y a él de daña.
El catalán de piedras hace pan.
Quien prestó, perdió.
Hombre de cojón prieto, no teme aprieto.
Cada día un grano pon, y harás un montón.
La hija buena vuelve a casa, aún cuando sea parida.
La buena hilandera en invierno acaba la tela.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
Si quieres ganarte un enemigo, presta dinero a un amigo
La zamarra y la vileza, al que se la aveza.
Tres cosas matan al hombre: soles, cenas y penas.
Amor antiguo no se oxida
Con aire solano, no hay toro bravo.
El que vive de prestado, algún día es encuerado.
Promesas de enamorados son ligeras de prometer y muy pesadas de cumplir.
A la mujer y al papel por detrás has de ver.
Una hora de alegría, compensa diez malos días.
Después de la liebre ida, palos a la cama.