De Dios hablar, y del mundo obrar.
Hay que poner tierra de por medio.
Al buen, regalo; al malo, palo.
El que la hace, la paga.
La lealtad se paga.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
Quien vive fiando al amigo, estudia para mendigo.
El hombre está hecho para el trabajo y el ave para volar.
Dos buenos amigos en pleito acabaron, y cagajón para los abogados y el escribano.
A feria vayas que más valgas.
Tener dolor de muelas detrás de la oreja
Por prestar, el enemigo muchas veces es amigo y el amigo enemigo.
A gran prisa, gran vagar.
De casa del abad, comer y llevar.
Hacer más daños que un mico en un pesebre.
Zurra y más zurra, hasta que la vara se quiebre o caiga la burra¡.
El que a hierro mata, no muere a monterazos.
Grandotas aunque me peguen.
La espada de Scanderberg necesita el brazo de Scanderberg.
A un traidor, dos alevosos.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
En la cancha se ven los gallos.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
Llevar las cosas por rigor, no es lo mejor.
Uno no esta vencido hasta que reconoce su derrota.
Agua, agua, que se quema la fragua.
Deudas tengamos, pero amigos seamos.
Ver un buey volar, a muchos necios oí afirmar.
Tabaco, vino y mujer, echan al hombre a perder.
Buen corazón quebranta mala ventura.
Nosotros, perros de casa, hemos matado a la liebre, dice el perro faldero.
Canten calandrias o les apachurro el nido.
Fraile de buen seso, guarda lo suyo y guarda lo ajeno.
Oveja que bala, bocado que pierde.
La avaricia rompe el saco.
Los padres a brazadas, y los hijos, a pulgadas.
El que da lo que tiene a pedir se atiene.
La liebre adiestrada, presto sale a la vereda.
Unos van al mártir, y otros al martinete.
A la luna, el lobo al asno espulga.
A ver a un velorio y a divertirse a un fandango
Quien tiene pan y tocino, ¿a qué quiere pleitos con su vecino?.
No hay enemigo fácil, pero sí amigo difícil.
Al hijo del herrero, de balde le machacan el hierro.
Amor viejo, pena pero no muere.
Trabaja cada día como si fuese el último de tu vida.
Júntanse las comadres y arde en chismes la calle.
Y viendo el tabernero que perdía, también bebía.
Quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda.
Vive la vida a grandes tragos por que no te bastara cuando tengas que perderla.