Buena romería haz, quien a su casa pone en paz.
A cada santo le llega su día.
Aquella que la alza una vez, la alza siempre.
La palabra debe ser vestida como una diosa y elevarse como un pájaro.
A fuer de Toledo, que pierde la dama y paga el caballero.
De suegras y de cuñadas va un carro lleno, mira que linda carga va para el infierno.
A cada ermita le llega su fiestecita.
Ajada tenemos, a San Pedro recemos.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
Mujer pecosa, mujer candela.
Oración de ciegos, mal rezada y peor pagada.
De sol de tarde, Dios te guarde.
Quedar como novia de pueblo (vestida y alborotada).
Casamiento santo sin capa él y ella sin manto.
A mal Cristo, mucha sangre.
Día de Santa Lucía, lo que mengua la noche crece el día.
De la enredadera de la calabaza grande no cuelga la calabazapequeña.
Una escoba ataviada, por dama hermosa pasa.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
Está creyendo la beata, que quien reza y peca empata.
La abadesa más segura, la de edad madura.
A mal pisto, buena sangre de Cristo.
Del mismo santo, siempre oirás los mismos milagros.
La mujer buena, inapreciable prenda.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
Antes es la obligación que la devoción.
Guardólo Dios de piedra y niebla, más no de puta vieja.
Confesor que visitas hijas, desde aquí te marco por padre de familias.
Candelaria: ¡Permanece dentro, el Invierno está afuera!
Madrastras, reniego de ellas y de su casta.
Bendito y alabado; que amanezco vestido y calzado.
Por Santa Cecilia, la nieve en cualquier cima.
¡Qué grande será la madre, que hasta Dios quiso tener una!.
Callar como puta tuerta.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Tempero de San Miguel, guárdete Dios de él.
Sacristán que vende cera y no tiene cerería, ¿de dónde la sacaría?
No ser escaparate de nadie.
Caridad buena, la que empieza por mi casa y no por la ajena.
Desnudar un santo para vestir otro, es de bobos.
Mal acomodado es desnudar un santo para vestir a otro.
A quien se mete a redentor, lo crucifican.
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
Antes de hablar, un padrenuestro rezar.
Prestar, paciencia; dar los buenos días; y fiar; en Dios.
La que al diablo su carne dio, ofreció sus huesos al Señor.
Riña por San Juan, paz para todo el año.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
La hermosa mujer, es una buena mujer.
A la mujer honrada, su propia estima basta.