Casa a tu hijo con su igual, y no hablaran mal.
¡Ay, caderas hartas de parir, y ninguna de mi marido malogrado!.
Cura flaco y marido barrigón, ninguno cumple su función.
Boda sin borracho tenla a milagro.
Los celos ciegan la razón.
Amigo reconciliado, doble enemigo
Buen hondero el que mete dos piedras por un mismo agujero.
Brasa trae en su seno, la que cría hijo ajeno.
Mujeres y aves, todas poner saben: ésta poñen huevos, y aquellas poñen cuerno.
No estrujes tanto la naranja, que amargue el zumo.
Quien de servilleta pasa a mantel, no hay quien pueda con él.
Mala boca, peces coma.
Fraile, manceba y criado son enemigos pagados.
Por gustos o pareceres, no discutas ni te alteres.
El que no te ama, burlando te difama.
Manos limpias y uñas cortas, no amasaron, malas tortas.
El que no tiene hijos los mata a palos.
Fue puta la madre y basta; la hija saldrá a la casta.
¡Ojo alerta con la moza y con la puerta!.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
Quien mierda echa en la colada, mierda saca.
Lleva la burra la carga, más no la sobrecarga.
Naipes, mujeres y vino, sacan al hombre de tino y lo llevan por el mal camino.
Quien más come y con más gana, no es quien paga la marrana.
A amor y fortuna, resistencia ninguna.
Donde manda el amo se ata la burra.
Mujer sola, rama sin tronco; hombre solo, rama sin hojas.
Cuando fui nuera, nunca tuve buena suegra, y cuando fui suegra nunca tuve nuera.
La ley del embudo no es norma ni escudo.
A bestia comedora, piedras en la cebada.
Como es la mujer, así es la casa.
Mujer hermosa y buena espada, de muchos son codiciados.
A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.
Los celos son malos consejeros.
De saltamontes a chicharra poco marra.
Cuando un hombre hace el tonto, siempre es por una mujer.
Amor no es quien enciende la flama en el corazón, sino la pareja que mutuamente la mantiene viva.
Amistad quebrada, siempre mal lanada.
Quien a otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer.
No se puede servir a dos señores a un mismo tiempo.
Celos y envidia quitan al hombre la vida.
No hay manjar que no empalague, ni vicio que no enfade.
Bromas pesadas solo al que las da le agradan.
Por mucho que un hombre se afane, siempre hay quien le gane.
Si a tu vecino quieres mal, mete las cabras en su olivar.
Amar sin padecer, no puede ser.
En la guerra y en el amor, todo se vale.
Madre y teja, no pierde por vieja.
Uno caza la liebre en el prado, y otro la caza en el plato.
Las cartas que una mujer desea recibir de un hombre son aquellas que él no debería escribir jamás.