Quien se refugia debajo de hoja, dos veces se moja.
Un solo enemigo es demasiado y cien amigos son pocos
El que mucho abarca, poco acaba.
Amar a todos, temer a Dios tan solo.
Buen caballo, buena espada y buena mujer, ¿qué más has de apetecer?.
A todo marrano le llega su diciembre.
Date buena vida, temerás más la caída.
A un traidor, dos alevosos.
No hay mandado como el que hace el mismo amo.
Lengua malvada corta más que espada.
Muerto el perro, se acaba la rabia.
Con persona de pelo panojo, mucho ojo.
Seguido, seguido, hasta que pase el dolor.
San Simón y San Judas, mata los puercos y tapa las cubas.
A la de tres va la vencida.
En esta vida tan loca, uno es el que baila y otro es el que toca.
No le mires la espiga en el ojo ajeno, sin ver la que hay en el tuyo.
De las angustias, la muerte; de las fieras, las mujeres.
Quien del diablo duerme, poco aprende.
Más sabe quien mucho anda que quien mucho vive.
Bestia alegre, echada pace.
A quien por sufrir deja la vida, vida por sufrir deja a la muerte.
La práctica hace al maestro.
Santo que mea, maldito sea.
Una liebre con dos galgos se avasalla, y si se va que se vaya.
Entre hermanos, si la prueba se gana o se pierde, da lo mismo.
Por un gato que maté, me llamaron matagatos.
Poco pene tiene el que tiene poco. Mucho pene tiene el que se lo paga, y puta es su madre.
Se tragó el mate con bombilla y todo.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
Cuando pases por la tierra de los tuertos, cierra un ojo.
Buena cara y malos hechos, a cada paso los vemos.
O todos hijos de Dios o todos hijos del diablo.
A callarse ranas, que va a predicar el sapo.
Beber aquí, beber allí, a la noche borrachín.
Cuando era moza, meaba por un punto, ahora que soy vieja, méolo todo junto.
Sobre la cola del león no se sienta nadie.
Por San Andrés, corderillos tres.
Cada uno limpia la nieve delante de su casa sin preocuparse de la escarcha en el tejado ajeno.
Callen barbas y hablen cartas.
Nunca te dejes vencer, por lágrimas de mujer.
Cantan la nana a los cigoñinos las campanas.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Hombre es hombre y al "contao", da su bote y cae "parao".
Abierto el saco, todos meten la mano.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
El viejo tiene la muerte ante sus ojos, el joven a su espalda.
Mucha carne, moitas enfermedades.
Toda la noche registrando cucharales y al final no tenía ni dos reales.