El hijo sabio es la alegría de su padre; el hijo necio es el pesar de su madre.
Vive como un caballero, y moriras como un señor.
Franqueza, la del gallo; que convida a veinte gallinas con un grano.
Más chulo que un ocho.
El rocín a la crin, y el asno, al rabo.
Necio que calla por sabio que pasa.
Menos ha de ser llorado el muerto que el desdichado.
Serio como perro en bote.
Ancho de espaldas y estrecho de culo, maricón seguro.
Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el precipicio.
Estar en tres y dos.
Cada hombre cuerdo lleva un loco dentro.
Te puedes arruinar por porfiada y por fiar.
Sabedlo, coles, que espinazo habéis en la olla.
Quien va a la boda y no es convidado, vuelve de ella avergonzado.
Bien lo dice el mercader, vender fiado no es vender.
El hombre que te parece feliz a menudo es más infeliz que tú
De broma en broma, la verdad se asoma.
Perdono al que me ha ofendido pero la ofensa no la olvido.
Zapateros; los lunes borrachos y los demás días embusteros.
Pan y vino andan camino, que no mozo garrido.
El ladrón piensa en el robo, y el preso en la libertad.
Dedo encogido, no rebaña el plato.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
Acaso nuevo, consejero nuevo.
La crueldad es la fuerza de los cobardes.
Bachiller en artes, burro en todas partes.
A caballo regalado, no le mires el dentado.
Madre no viste, padre no tuviste: diablo te hiciste.
Cuando todo se hierve, te pueden dar gato por liebre.
No busques en el amigo riqueza, ni nobleza, sino buena naturaleza.
Médico y confesor, cuanto más tarde mejor.
Mas papista que el Papa.
Somos lo que hacemos, sobretodo lo que hacemos para cambiar lo que somos.
El que evita la ocasión, evita al ladrón.
Quien bien imagina, llámese adivina.
Libro prestado, perdido o estropeado.
Quien desprecia, comprar quiere.
El cebo oculta el anzuelo.
A otro perro con ese hueso.
Cuando el necio es acordado, el mercado ya ha pasado.
Las armas, el Diablo las carga.
A candil muerto, todo es prieto.
Buena vida, padre y madre olvida.
Bueno de asar, duro de pelar.
Febrerillo el loco, que sacó a su padre al sol, y lo aporreó.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
A los buenos, Dios se los lleva; y a los malos aquí se quedan.
A caballo que se empaca, dale estaca.
Más ordinario que un sapo en un acuario.