Cada palo que aguante su vela.
Quien mocos envía, babas espera.
No vendas el sol para comprar una bombilla.
Explique, no complique.
Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
Al que quiera celeste, que le cueste.
Hombre mezquino, no pida ayuda a su vecino.
Justicia, dios la conserve; pero de ella nos preserve.
Prestar, paciencia; dar los buenos días; y fiar; en Dios.
Antes de contar, escribe, y antes de firmar, recibe.
El que da grandes cosas quiere a cambio grandes cosas
No busques la verdad, solo deja que te abriguen las opiniones.
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Que quieres que de el encino sino bellotas.
Dilatar la cura y pedir para la untura.
Solo un tonto mete los dos pies en el agua para ver su profundidad.
No mira Dios el don, sino la mano y la ocasión.
Al niño que llora le dan pecho.
Los frutos más hermosos los da el árbol más viejo Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
Cuando estamos buenos, damos consejos a los enfermos.
La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.
El que quiera peces que se moje el culo.
A quien das de yantar, no te duela dar de almorzar.
Una hierba es una planta cuyas virtudes esperan para ser descubiertas.
Consejos y un remedio, no valen un real y medio.
Durante la estación seca hay que hacerse amigo del dueño de la piragua.
El árbol con fronda amiga, buena sombra nos prodiga.
Échele leche al sapo, antes que él se la eche.
A la mañana puro y a la tarde sin agua.
Agua al higo, que ha llovido.
A quien teme preguntar, le avergüenza aprender.
Bebe el vino a discreción y no a boca de cangilón.
El que da dinero manda y el que no de pendejo anda.
Árbol copudo da sombra, aunque no dé fruto.
Esto el mundo me enseñó: a lo tuyo tú; y a lo mío, yo.
La col hervida dos veces mata.
No pidas que otro haga lo que tu puedes hacer.
El que arcoiris ve, no se morirá de sed.
Si quieres ser estimada no te roces con cualquiera, que la fruta mayugada se pudre y no hay quien la quiera.
La sabiduría es como una mujer legítima, no permite otra mujer en su casa.
Ajada tenemos, a San Pedro recemos.
De uvas a peras.
A cada pez le llega su vez.
Para amigos, todos; para enemigos, uno solo.
Estas son lentejas; si quieres, las comes, y si no, las dejas.
Todo por servir se acaba... y acaba por no servir.
Ojo por ojo y diente por diente.
Menos pregunta Dios y más perdona.
Agua y sol, tiempo de caracol.
Cada uno arrima el ascua a su sardina.